lunes, 5 de enero de 2015

Urresti, el visionario

La historia está llena de casos de ilustres personajes, cuya extravagancia y particular forma de ser, impidieron ser valorados en su real dimensión; personas ninguneadas, vilipendiadas, pero finalmente destinadas a trascender y dejar un legado para la posteridad. Este, sin duda, es el caso de Daniel Urresti.

Afortunadamente, el ilustre historiador Dr. Jones, de la Universidad de Indiana, por lo general dedicado al hallazgo de grandes tesoros arqueológicos, también tiene entre sus intereses la biografía de personajes históricos wanna be; de esta manera ha sabido ver –nadie sabe cómo- las infinitas virtudes que concurren en la persona de nuestro Ministro del Interior.


En el libro –titulado “Urresti 2016”- el autor nos muestra a Urresti desde su más tierna infancia. Según un amigo de Urresti, este mostró desde su niñez un carácter explosivo.

-Le gustaba mucho reventar cohetecillos.
-¿En navidad?
-No, en la cara.

De joven, Urresti ingresó a la escuela de oficiales del Ejército. Su desempeño fue ejemplar, según recuerda un antiguo compañero.

-Su nombre estuvo en el cuadro de honor.
-¿Por mucho tiempo?
-Sí, hasta que descubrieron que él mismo lo ponía.

Como se ve, Urresti era un alumno esforzado. Sin embargo, tuvo muchas dificultades para egresar debido a los problemas que tuvo con el curso de estadística: tenía un ímpetu casi irrefrenable de inflar todas las cifras; y con el de química: la composición del yeso lo confundía mucho.

En el retiro, fue convocado por el gobierno de Humala para ser el Alto Comisionado en Asuntos de Formalización de la Minería. Urresti se mostró reacio al inicio.

-Pero no sé nada de formalización, ni de minería. Además ni alto soy.
-Vas a poder reventar maquinarias.
-¿Cuándo empiezo?

Una tarde fue convocado a Palacio de Gobierno. El mismo presidente Humala lo recibió y le propuso ser el nuevo Ministro del Interior.

-¿Y qué puedo reventar ahí?

El libro cuenta como, algunas personas malintencionadas,  denunciaron que Urresti se encontraba procesado por presuntamente ser el autor mediato del homicidio de un periodista. Los defensores de los derechos humanos demandaron su salida y exigieron justicia. Desde luego, todo eso no tenía sentido, después de todo, ¿cuándo había habido justicia en nuestro país? Afortunadamente el presidente Humala  considera que los derechos humanos es una suerte de asociación de hombres diestros y, con mucho criterio y algo de desfachatez, no se dio por aludido.

Con el apoyo presidencial, Urresti mostró pronto que se trataba de un ministro distinto. Atrás quedaron las aburridas estrategias y los tediosos análisis para combatir la delincuencia. Ponerse a pensar ya era cosa del pasado, ¿planificar?, por favor, pongámonos serios.  Urresti apuesta por un ministro que esté, literalmente, en la calle y, de preferencia, frente a las cámaras. Si la gente me ve todos los días, va a pensar que se está haciendo algo, dice. Que parezca que se está luchando contra la delincuencia ya es algo importante, ¿acaso, además, vamos a querer que esa lucha sea de verdad?

El pueblo –la voz de Dios- es sabio y por eso le da su respaldo; Urresti se ha convertido en la figura más importante del gobierno. Que se trate del mismo pueblo que puso a Kenyi como el congresista más votado, es, desde luego, un hecho sin importancia.

Debido a esta popularidad, según sus críticos,  Humala no podría sacar a Urresti del cargo aunque quisiera. Por tanto, además de gran ministro, Urresti es un talentoso cazador; capturó a Orellana, a Benedicto Jiménez y ahora a Ollanta Humala.

Para terminar, como nos recuerda el Dr. Jones en la introducción del libro, solo la historia pondrá en su verdadero lugar a Urresti. Bueno, al menos alguna vez alguien lo pondrá en su sitio. 

Publicado en la revista Velaverde Nº96


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