miércoles, 9 de abril de 2014

Alan en el confesionario

El Padre Venancio ingresa en el confesionario, se sienta y cierra la puerta tras de sí. Casi de inmediato, escucha unos pasos graves y distantes que se acercan. Alguien se sienta del otro lado de la ventanilla.



-¿Padre?

-Sí, hijo.

-Antes que nada debe saber quién soy. Mi nombre es Alan García.

-Lo siento mucho hijo, pero no te aflijas. No es pecado ser homónimo de un político tan, pero tan…

-No, padre, yo soy el ex presidente Alan García.

-Ah bueno, Dr. García. ¡Qué gusto! Es un honor que haya venido a esta humilde iglesia.

-Lo sé, padre. Mire, le seré sincero. He venido porque he pecado y quiero confesarme.

-Qué bueno hijo, me da gusto que por fin te acojas a la confesión sincera. Seguro irás a prisión, pero si te portas bien…

-No, padre, no me entiende. Solo quiero confesarme.

-¿Crees en Dios?

-Como en mí mismo.

-Pero dime, ¿vas a contarme todos tus pecados? ¿Cuál será el orden? ¿Cronológico, alfabético? ¿Por el nombre de las víctimas? ¿Por áreas de interés? Mira que aquí cerramos a las 10 de la noche.

-No, padre, no todos.

-Primero dime, ¿hace cuánto que no te confiesas?

-Déjeme ver, hoy es lunes…mmm…tres años.

-¿Tres años?

-Sí, desde la última campaña. Sabe padre, creo que mejor me concentro en lo ocurrido estos últimos días. Luego de que el Poder Judicial anulara lo actuado por la megacomisión, empecé a sentir algo raro, algo distinto.

-¿Ah sí?

-Sí, padre, algo que nunca había sentido antes.

-¿Vergüenza?

-No, no, es algo que normalmente no se asociaría conmigo.

-¿Honradez?

-No, padre, hablo de un sentimiento, algo nuevo para mí.

-¿Cargo de conciencia?

-Bueno, sí, digamos que algo parecido a eso.

-Pero hijo, eso es normal

-Puede ser, padre, pero yo nunca lo había experimentado.

-¿Nunca te has sentido mal por algo que has hecho?

-No

-¿Nunca?

-Bueno, recuerdo que la noche que anuncié la estatización de la banca me sentí pésimo.

-La conciencia.

-No, la cena. Me excedí con el festival de pastas.

-¿Y qué me dices de El Frontón?

-Soy un cero a la izquierda en deportes.

-No, hijo, me refiero a la matanza de El Frontón.

-Perdone padre, pero esto no es la megacomisión.

-Claro que no, aquí sí te voy a dar una penitencia. Me decías que nunca has sentido cargo de conciencia.

-No. Pero ahora parece que sí.

-Eso está bien hijo. Todos los mortales tienen conciencia. Seguro que tú también.

-Me preocupa. Es signo de debilidad.

-No, hijo, es signo de que tienes consideración por los demás.

-Entonces es peor de lo que pensaba.

-Vamos hijo, hay que ser humildes. Recuerda que solo estamos de paso en la viña del señor. Por eso hay que dejar un legado.

-El mío lo dejé en Gran Caimán.

-No hablo de eso hijo, hablo de tus acciones.

-¿De las de la bolsa de valores?

El Padre Venancio desaprobó moviendo la cabeza a los lados. Luego, durante más de tres horas, se puso a escuchar no solo las preocupaciones y pecados de García, sino también sus reflexiones históricas, políticas y sociales.

-Bueno, hijo, te he escuchado lo suficiente.

-Pero tengo más que decir.

-Lo sé hijo, las palabras te sobran, pero si te sigo escuchando voy a votar por ti, así que mejor dejémoslo aquí nomás.

-¿Y mi penitencia?

-Mira, por ser el primero en venir tienes el 10% de descuento. Entonces son 100 padres nuestros y 50 aves marías.

-Esto es un abuso padre. Voy a presentar un recurso de amparo.


García se levantó, indignado. Y mientras salía de la iglesia, vociferaba que había una persecución católica, romana y apostólica en su contra. Dijo también que él era lo mejor que le había pasado al Perú. En el confesionario, el padre Venancio se quedó pensando lo contrario: el Perú era lo mejor que le había pasado a García.

Publicado en la revista Velaverde Nº58

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