martes, 17 de junio de 2014

El expediente Castañeda

De pronto, Castañeda abrió los ojos y se encontró parado frente a una maciza puerta de roble, altísima, tanto que a la vista parecía inacabable. Miró alrededor y notó que estaba rodeado de nubes tenues. Junto a la puerta, barbudo y vestido de túnica y sandalias, estaba Dios. 





-¿Dónde estoy? –dijo Castañeda mirándolo- ¿Quién eres?

-Soy quien te dirá tu futuro. Si te quedas arriba o si vas para abajo.

-¿Alfredo Torres?

-No. Soy el supremo. La divinidad máxima.

-¿Alan?

-No, soy Dios.

-¿Dios? Entonces estoy en el cielo.

-Exacto.

-¿Pero acaso de estas cosas no se encarga San Pedro?

 -Sí, pero ha pedido permiso para ver el mundial.

-Ah bueno, pero no entiendo. ¿Qué hago aquí en el cielo?

-Me pregunto lo mismo. ¿Qué haces en el cielo?

-¿Qué me quiere decir?

-Nada, solo que aquí tengo la lista de San Pedro y no estás por ningún lado.

-¿Está seguro?

Dios vuelve a revisar la hoja que llevaba.

-Sí, hijo, seguro. Lo siento. Vas para abajo.

Castañeda se puso pálido.

-Debe haber un error.

-Bueno, es posible que tu caso siga en trámite o quizá se demora porque está en fiscalización.

-¿En fiscalización? ¿Aquí también hay eso?

-Sí, claro. Podría ser también que los ángeles todavía no hayan revisado tu expediente. Con esto del mundial el trabajo de la oficina de admisión se ha descuidado un poco. Ante la duda mejor  todavía no te enviaré abajo y yo mismo haré la evaluación.

-Gracias a Dios. Es decir, a ti.

Dios lo mira de reojo y luego hace aparecer un expediente.

-Y no olvides que yo lo sé todo.

-¿Todo? A ver ¿quién mató a Kennedy?

-No creo que estés en posición de hacer bromas.

-Vaya, qué seriedad. ¿Dónde quedó aquello de la gracia de Dios?

Dios dio un suspiro.

-Mejor empecemos –dijo y empezó a revisar el expediente-. Naciste…estudiaste…pasemos esto. Aquí dice que has sido alcalde de Lima.

-Sí, claro, un exitoso alcalde.

-¿Ah sí? 

-Yo hice las escaleras en los cerros. Eso facilitó la vida a mucha gente.

-Y las pintaste de amarillo como tu partido, ¿no?

-Pero vamos, Dios, lo importante es que hice las escaleras.

-Muy bien, ahora dime, sobre el Metropolitano. Aquí dice que gastaste el doble de lo que habías presupuestado, pero hiciste la mitad de lo prometido. ¿Es verdad?

-Bueno, lo importante es la obra. Ahora miles lo utilizan.

-¿Y el caso de Comunicore? 

-¿Qué pasa con él? No tengo nada que ocultar.

-Aquí tengo todos los detalles. ¿En verdad quieres que te diga lo que ya sabes?

-Este, no, no es necesario. Todo lo que hice fue para ahorrarle dinero a los limeños. ¿Acaso eso es pecado?

-No, es peculado.

-Se equivoca. La justicia peruana no me encontró ninguna responsabilidad.

-¿Justicia? ¿Peruana? ¿Dices esas palabras juntas? 

-Es la justicia que nos rige.

-¿Y has oído hablar de la justicia divina?

-Sí.

-¿Y de la transubstanciación del pan?

-No, de eso no. ¿Por qué?

-No, por nada. –dijo y luego puso un check en una hoja- Es solo para una encuesta que estoy haciendo. Casi nadie ha oído hablar de eso.

Castañeda frunce el ceño.

-Aquí dice también que estás enseñando en una universidad.

-Sí. Dicto el diplomado de “Gestión y Transparencia Municipal”.

-¿”Gestión y Transparencia Municipal”? ¡Por mí! Creo que tus alumnos te hubieran sacado más provecho si enseñabas Oratoria. Ahora entiendo por qué quieren reformar las universidades. 

-Eres muy crítico conmigo. Pero pese a todo voy a volver a ser alcalde.

-¿Te estás postulando otra vez? 

-Sí.

-Pero vamos hijo, con todas esas denuncias, la gente no querrá ni verte.

-Se equivoca. Todo lo contrario. La última encuesta dice que el 49% de limeños votaría por mí.

-¿En serio? Dime, estos limeños son los mismos que eligieron a Kenyi Fujimori como el congresista más votado, ¿no?

-Por favor, Dios, no sigas, dime de una vez qué va a ser de mí.

-Pues nada, ¿no te has dado cuenta que esto es un sueño?

-Parece más bien una pesadilla.

-Bueno, hijo, en realidad no soy Dios. Soy tú mismo. Es decir, tu conciencia.

-No te creo.

-Es verdad. Yo soy tú.

-Sí, ya sé –dijo Castañeda-. Por eso no te creo. 

Publicado en la revista Velaverde Nº68

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