viernes, 29 de abril de 2016

El diario del Oto (Maduro y Venezuela)

Querido diario:

Te cuento que me fui de paseo a Venezuela por unos días. Apenas bajé del avión le pregunté a un empleado del aeropuerto: “Afuera se habla muy mal de Venezuela. ¿Cómo están en verdad?”, le dije. “No nos podemos quejar”, me dijo y luego agregó, en voz baja: “Si lo hacemos nos meten preso”.

Pese a lo que me dijo ese empleado, yo creo que la prensa se equivoca cuando habla mal de Maduro. Yo soy testigo de cómo ha hecho de  Venezuela un lugar turístico, donde hay cosas que solo verás ahí:



Pajaritus consejerus: ave única que habita en estas tierras y que aconseja trinando, a ritmo de joropos, a Maduro. Esta ave es en realidad el espíritu del extinto Chávez. Se sabe que al espíritu del comandante le gusta el alpiste y la coronta de choclo.

Viceministerio de Felicidad: cuando los venezolanos, siempre hipersensibles, empezaron a entristecerse solo porque no tenían qué comer, Maduro tomó una decisión histórica. Creó el Viceministerio de Felicidad, ente encargado de cambiar el humor de los hermanos bolivarianos. El viceministro hace las delicias del pueblo venezolano contando la mayor cantidad de chistes antes de ser linchado.

Filosofía del interrogatorio: en dictaduras los presos políticos son sometidos a la tortura. En Venezuela, en cambio son sometidos a largas sesiones de mayéutica socrática. Es decir, la verdad está en ellos, lo único que hace el gobierno es sacársela a golpes.

Lectura masiva: Cuatro horas al día la juventud venezolana –y todo el país- se queda sin energía eléctrica y no tiene cómo ver televisión, escuchar música o navegar por internet; ello los ha obligado a acercarse a un objeto de antigua data pero poco conocido hoy en día: el libro. Aunque algunos jóvenes prefieres salir y saquear centros comerciales, cuestión de gustos.

El ocaso del PH: el socialismo del siglo XXI busca que nadie tenga necesidades y un signo de que se está avanzando en ese objetivo es que la producción de papeles higiénicos ha caído a niveles absurdos. Eso sí, en Palacio de Miraflores siempre hay una dotación importante para limpiar todas las decisiones de Maduro.

Máquina estatal: Tan bien estará funcionado el aparato estatal que ahora cada semana se trabaja solo dos días y se descansa cinco. Maduro ha logrado así el milagro de invertir la semana laboral. Los empleados ahora no saben qué hacer con tanto tiempo libre.  Algunos han optado por buscar un pasatiempo, otros por buscar comida.

Ya está. No sigo más, es hora de comer, dormir e hincar como ninguno.

Don Oto.


Publicado en "El Otorongo" (Peru21 - 29.04.16)

lunes, 18 de abril de 2016

Reflexiones frente al jardín

En las instalaciones del ex Fundo Barbadillo,  Kenji y su padre están sentados sobre dos sillas de mimbre. Están uno al lado del otro, ambos con la vista en el amplio jardín que rodea la residencia –que algunos eufemísticamente llaman cárcel- del expresidente. 



El silencio los acompaña y no parece  incomodarle a ninguno de los dos. Casi dos minutos después, Kenji habla.

-Papi, a veces me pongo a pensar…
-Eso es bueno hijo.
-Pero escúchame, te estoy diciendo que a veces me pongo a pensar en los peruanos.
-¿Cómo así? No entiendo.
-Me refiero a los peruanos que votaron por Keiko. O sea, no me malentiendas padre pero a veces, solo a veces, me pongo a pensar en que cómo es posible que después de lo que pasó en tu gobierno, todavía sigan votando por nosotros.
-Querrás decir por mí.
-Bueno, sí, por ti. O sea, en verdad, ¿no te parece raro?

Alberto Fujimori gira su cabeza para ver bien a su hijo.

-A ver, Kenji, ¿a dónde quieres llegar?
-Yo quisiera llegar a Disney –dijo dirigiendo la vista hacia su padre-. Tiempo que no voy, ¿vamos?
-Lo que quiero saber es a dónde quieres llegar con esos pensamientos.
-Es que a veces esa gente me da pena.
-¿Pena por qué? Si cuando vas les regalas cosas. Deberían estar agradecidos.
-Y sí están agradecidos. Pero yo me pongo a pensar que pasaría si la cosa fuera al revés.
-¿Al revés?
-Claro papi, mira, ¿qué tal si viene a pedirnos su voto un candidato que ha robado al Estado, ha violado los derechos humanos, ha comprado a congresistas, ha comprado jueces, magistrados y medios de comunicación? ¿Cómo llamarías a alguien así?
-Colega.

Kenji hace una mueca indescifrable y suspira profundamente.

-Mira Kenji, si los peruanos nos quieren, ¿qué podemos hacer?
-Pero ¿no te parece que es algo extraño?
-Ya pues hijo, ¿vas a acabar diciendo que la gente no debió votar por mí?
-Querrás decir por Keiko.
-No, quiero decir por mí.
-No es eso papi, solo que a veces me pongo a pensar…
-Sí ya sé que a veces te pones a pensar, pero piensas cosas raras.
-Mira, papi, por ejemplo, me pregunto por qué soy el congresista más votado.
-Porque eres un Fujimori.
-Pero ¿acaso no tengo ninguna virtud?
-Claro, tu apellido.
-Lo sé papi, pero quisiera creer que han votado por algo que yo haya hecho.
-Te torturas por gusto hijo. Ya te lo he dicho antes y te lo repito. Te hace daño pensar. Eso de ponerse a pensar es para los filósofos.
-Pero papi, no sé, la vez pasada que fui el congresista más votado me puse feliz, pero ahora quiero saber por qué votaron por mí.
-Mira Kenji, ya sé qué estás pensando, pero te equivocas. No han votado por ti solo porque eres mi hijo.
-¿En serio?
-Claro, también lo han hecho porque eres hermano de Keiko.

Kenji enmudece. Esta vez el silencio es incómodo.

-Mira Kenji –dijo su padre-. En serio te digo que la gente ha votado por ti sobre todo por tu simpatía.
-¿Mi simpatía?
-Eso mismo, he visto como la gente te sonríe.
-¿En serio?
-Claro hijo, sobre todo cuando les estás dando los regalos. Además, la simpatía no se compra en el mercado.
-¿Entonces dónde se compra?
-En ningún sitio Kenji. Uno nace con eso.
-Ah ya, así como el cordón umbilical.

El expresidente mueve la cabeza a los lados.

-Sí, claro, Kenji, como el cordón umbilical.
-Gracias papi, me siento más tranquilo. Entonces mi ventaja es mi simpatía.
-Exacto, siempre y cuando no te cambies de apellido.
-Claro que no.

Fujimori se reacomoda en el asiento.

-Ahora, hijo, hablemos de cosas realmente importantes.
-¿De qué quieres hablar?
-De mí. Dime, ¿qué dice Keiko? ¿Cuándo voy a poder salir de aquí?
-Bueno, si Keiko gana seguro que el mismo 28 de julio ya estás saliendo.
-Caramba, sería excelente que me dé tiempo para ir al Congreso y ver la juramentación de Keiko. ¿Tú crees que llegue a verla con la banda?
-No sé papi, creo mejor nos reunimos con la banda en privado. Además va a demorar un poco más sacar al tío Vladi y a los demás,
-No, Kenji, yo me refiero a la banda presidencial.
-Ah ya, no sé papi. Primero hay que ver si Keiko gana. Acuérdate que ya no controlamos la ONPE como cuando estaba Portillo.
-¿Verdad no? Qué desesperante esto de la democracia, pero bueno, ya todas estas gollerías se acabarán cuando volvamos al poder.
-Si es que ganamos.
-Claro que vamos a ganar. No deberías dudarlo ni un minuto.
-Está bien papi.
-Tu hermana tiene que ganar. 
-Si tú lo dices, así será.

Otro vez quedan en silencio durante algunos segundos, hasta que el expresidente volvió a insistir. 

-No es que solo que yo lo diga, su victoria es un hecho. Además, si no llega a Palacio, ¿cómo voy a gobernar?
-Pero papi, la que gobernaría sería Keiko, tú no.
-Sí, claro, Kenji,  ¡cómo no! La que va a gobernar es tu hermana y yo me quedaré tranquilito en casa jugando a los naipes con Mark.
-Me parece que no lo dices en serio.
-Vaya al menos te diste cuenta.
-Claro que me di cuenta. A Mark no le gustan los naipes.

Publicado en la revista Velaverde Nº161

domingo, 17 de abril de 2016

¿Amor a primera vuelta?

Uno siempre dice “a mí nomás me pasan estas cosas”, pero creo que, en verdad, a mí nomás me pasan estas cosas. Resulta que me fui temprano a votar. Dicho sea de paso, gracias a la ONPE solo tengo que caminar media cuadra para ejercer mi derecho a sufragio, es decir, para que no me multen. Decía que me estaba yendo a votar cuando de pronto la veo. A ella. La chica más linda y bien puesta que había visto no sé si en toda mi vida, pero sí en muchos años, bueno, quizá decir años es exagerado, quizá hayan sido meses…o por lo menos varias semanas.

Lo cierto es que quedé prendado de ella en seguida. Entonces le seguí los pasos pero a unos cuantos pasos, ya saben, tampoco quiero parecer un acosador. Lo que quería era encontrar la forma de hacer contacto con ella, es decir, de hablarle, de iniciar una conversación, de saber si quería ir conmigo a comer un helado o a ver una película o algo así. Pero como suele ocurrir, no siempre se me hace fácil abordar a la chica que me gusta. Entonces Houston, ya sabes, tenemos un problema. Por lo general, en esas circunstancias he podido iniciar una conversación solo cuando el azar, o sea esa cosa que llaman destino, jugó a mi favor. Pero si el asunto depende solo de mí, pues la cosa se complica.



Decía que estaba siguiendo a cierta distancia a esta chica y veo que entra al mismo colegio donde me corresponde votar. Entonces, raudo, ingreso también, pero creo que el militar que estaba en la puerta encontró algo raro en mi DNI -digo, aparte de mi foto- porque lo miró durante algunos  segundos, es decir, en tiempo mental, algunas horas. Cuando me devolvió el DNI, recién pude entrar y pasó lo que temía. No había forma de encontrarla en medio de tanta gente. Después de escudriñar con la mirada y forzar el zoom natural de mis ojos, me di por vencido. Derrotado, de pronto votar ya no era un derecho si no un deber. 

Casi arrastrando los pies, llegué hasta el salón que me correspondía. Casi no había cola, solo un par de señoras que se quejaban porque nuestra mesa de votación todavía no se había instalado. Me asomo por la puerta y entonces la veo. A ella. A la chica más linda y bien…bueno, bueno, eso ya lo dije. Estaba feliz, es decir, yo estaba feliz. La verdad nunca había tenido tantas ganas de votar. Pero veo que la demora había surgido porque faltaba un miembro de mesa. Entonces supe lo que tenía que hacer. Cuando la democracia está en peligro, somos sus hijos quienes debemos acudir a su llamado, y si la democracia tiene unos ojos verdosos, un short ajustado y un pelo ensortijado, pues con mucho más razón.

Diez minutos después ya estaba sentado al lado de ella, de Mónica, la presidente de mesa, y todo gracias a eso que llamamos destino y a Daniel Rosas Pérez, mi nuevo mejor amigo, o sea, el ciudadano que tuvo a bien zurrarse en eso del deber cívico y no se apareció nunca por ahí. Mónica resultó siendo de lo más divertida. Congeniamos rápidamente y lo mejor de todo es que el otro miembro de la mesa era una señora mayor que casi no hablaba. Entonces nos pasamos casi toda la jornada conversando y hablando, bueno, al menos todo lo que se podía en medio del ajetreo que era recibir a los votantes y guiarlos en la votación. Las cosas fluyeron mejor de lo que hubiera pensado y hasta me estaba dando pena que se acabe la votación. Y aunque no fue nada premeditado, apenas si comentamos de los candidatos. Pero bueno, después de casi siete horas se cerraron las mesas. Eso quería decir que empezaba el conteo.

En nuestra mesa estaba ganando claramente Fuerza Popular. “Caramba”, dije, “cómo la gente puede votar por Keiko”. “Yo voté por ella”, me respondió en el acto y en el acto enmudecí. “Keiko de hecho es la mejor opción y no soy militante ni nada, pero las cosas son como son”, me dijo y de pronto ya no parecía tan linda y sus ojos ya no eran tan, tan verdosos. Seguía el conteo y yo no había vuelto a decir nada. Entonces se formó un debate en mi mente: ¿qué diablos importa si es fujimorista o aprista o goyista? Déjate de estupideces y haz como si nada hubiera pasado. Pero otra voz me decía: ¿Fujimorista? ¿En verdad vas a poder salir con una fujimorista? 

Entonces, aparte del miedo que dos voces me hablen en mi cabeza, medité bien y sí, era una estupidez juzgar a la gente solo porque era de tal o cual partido. Había que ser tolerante, total todos somos peruanos, bueno, todos menos Fujimori. “Sorry por lo que dije de la gente que vota por Keiko, cada quien puede votar por quien quiera”, le dije y ella sonrió y aquí no había pasado nada. 

Al final, Fuerza Popular de Keiko ganó en nuestra mesa. “Qué bien”, dijo ella, “de repente hasta ganamos en primer vuelta”. Yo seguí con mi sonrisa puesta, al mejor estilo de Guzmán. La señora tan amorosa que casi no hablaba habló por fin: “Va a haber segunda vuelta y la china no va a ganar”. Entonces Mónica me miró esperando que yo diga algo y dije algo, dije: “Bueno, bueno, lo importante es que quien gane haga lo mejor para el país”. Entonces vi que Mónica se distendió y me regaló una sonrisa de aprobación, y luego miré a la señora que antes no hablaba  y también estaba sonriendo, pero en seguida frunció el ceño y me soltó: “Qué rápido te volviste fujimorista”. Y, bueno, no pude más, y le dije: "¿Yo? ¿Fujimorista? Ni que estuviera loco". Y loco debí haber estado de decir eso delante de Mónica. Parece que se ofendió o algo así porque cambió rádicalmente conmigo. Durante los pocoso minutos que faltaban para terminar nuestra labor, apenas si me habló lo necesario. ¿Te pasa algo?, le dije y ella no, nada, que no pasaba nada. Y era cierto, ya no pasaba nada. Nos despedimos sin que me diera su celu, o su whatsapp o su facebook. 

Regresé a mi casa pensando en qué había sido un idiota total, casi profesional. Las elecciones iban a pasar y todo este ambiente crispado se iba a tranquilizar, y bueno, no valía la pena perder o enrarecer amistades o, mucho menos, truncar posibles escenarios felices solo porque hay gente no piensa como uno, incluso solo porque no piensa. Ahí está, otra vez se me escapa. Es difícil entender a los fujimoristas, pero algunos lo son de buena fe, bueno, eso quiero pensar.  

Con mi mente dando vueltas llegué a mi casa. Me preguntaron que cómo me había ido, les dije que bien, aunque hubiera podido decirles que muy bien porque había conocido a una linda chica, pero muy mal porque resultó que era fujimorista y resultó también que no pude manejar algo tan manejable, es decir, o sea, en fin. La verdad que también yo me pongo cabe solito. Ribeyro hablaba de la tentación del fracaso y yo creo que estoy sufriendo el gusto del autosabotaje.

Cuando estuve relativamente más tranquilo, vi las noticias. Keiko había obtenido casi un 40% y PPK algo más de 20. De todas maneras, como ya era previsible, iba a ver una segunda vuelta. Entonces recién comprendí lo que eso significaba: volvería a verla. Tendría que ir ese día antes de las 9am para asegurarme que me pidan formar parte de la mesa de votación. Sí, ya sé, eso suena medio desesperado, creo que basta con que vaya a las 9 y 15am. Tengo que esperar que mi nuevo amigo Daniel Rosas Pérez vuelva a zurrarse en todo y no vaya tampoco en esta segunda vuelta. 

En fin, veremos si el destino se apiada de mí, o de Mónica, o de ambos; o quizá hasta se apiada del país y no gana Keiko. Mmm...digo nomás. 


martes, 5 de abril de 2016

Verónika y un chifa matinal

Domingo, 9 de la mañana. En un salón privado de un chifa limeño, la candidata Verónika Mendoza me espera. Tras saludar a su asistente personal y a su encargado de prensa, ingreso y saludo a la candidata.  Me parece extraño verla ahí y a esa hora. En seguida advierte mi sentir.

-¿Te preguntarás por qué te recibo aquí y no en el local de campaña?-me soltó de golpe, como si nos conociéramos de antes.
-¿Porque aquí se come mejor?

Mendoza sonríe.

-No, no es por eso, aunque sí tienes razón sobre la comida.
-¿Y entonces por qué?
-Nada especial en realidad.  Vamos a tener una reunión de trabajo con mis colaboradores más cercanos.
-¿Marco Arana va a venir?
-Siéntate, no me vas a entrevistar de pie, ¿no?



Me siento casi del otro extremo de la gran mesa redonda.

-Dime –me dijo mostrando su mejor sonrisa.
-Bueno, lo primero que quería peguntarle señora Mendoza.
-Dime Verónika, o Vero si quieres.
-Prefiero decirle señora Mendoza, si no le molesta.
-Claro que no, te escucho.      
-Hablemos de su campaña. Dígame la verdad, ¿alguna vez imaginó que  faltando solo días para las elecciones usted estaría cerca de pasar a la segunda vuelta?
-Desde un inicio hemos trabajado con la debida humildad y es gracias al sacrificio de nuestra gente que hemos avanzado  y seguimos avanzando.

Siento que es la respuesta de una alumna preparada.

-¿Le molesta que le digan “roja”? ¿Le molesta que la etiqueten?
-¿Que me etiqueten en el face? Bueno, depende de la foto.
-Yo le hablo de los calificativos que recibe por ser de izquierda. Por ejemplo, PPK le dijo “media roja”. ¿Eso le molestó?
-Un poco, nunca me ha gustado hacer las cosas a medias.
-Pero vamos, señora Mendoza, ¿me está tomando el pelo?

Mendoza pierde la sonrisa un momento, pero en seguida recupera la postura.

-No, para nada. Pero es que me parece tonto que la gente me diga eso de roja.  
-¿Hay un tinte político?
-Un tinte rojo más bien.
-¿Dónde está Marco Arana?-le pregunté de golpe, esperando su reacción.
-Eso también me parece tonto.
-¿Marco Arana?
-No, esto de que se dice que Marco Arana está escondido. Que yo no quiero que me vean con él.
-¿Lo niega entonces?
-Claro, lo niego rotundamente.
-¿Y Arana va a venir ahora a la reunión que tendrá aquí?
-Felizmente que no.
-¿Cómo dijo?
-Digo que felizmente que no va a venir porque eso quiere decir que sigue haciendo campaña.

La candidata desvía la mirada, parece una risa nerviosa.                                                                                                                                                                                           -Pero él es un antiminero.
-Eso sí que no. Nosotros creemos en la minería responsable. Arana no es ningún antiminero, al contario, le diría que es el prominero.
-¿Prominero?
-Claro, porque quiere prohibir las minas.
-Entonces lo admite.
-No admito nada. Él quiere prohibir las minas ilegales.
-Hablemos de las agendas de Nadine.
-Prefiero las de Hello Kitty.

Mendoza alza las cejas.

-Por favor, candidata, lo que quiero saber es por qué ahora admite que podría haber escrito en las agendas.
-Porque es cierto, no lo recuerdo, pero podría haber escrito alguna vez.
-Pero usted lo ha negado tajantemente.
-Exacto.
-¿Y ahora dice que podría ser?
-Exacto.
-¿No le parece eso contradecirse?
-Exacto.

La líder del Frente Amplio le da una mirada a su reloj
.
-No me diga que ya tenemos que terminar.
-No es por mí, pero me dicen que ya va a empezar la reunión.
-Seré más directo. Dígame señora Mendoza, usted estuvo los primeros años con la pareja Humala mientras buscaba financiación para el nacionalismo.
-Es cierto, es algo  normal, pero yo no he participado de ninguna financiación extraña ni nada que tenga que ver con transacciones irregulares.
-¿Entonces no sabía nada de Venezuela?
-Bueno, me sabía “alma llanera”.
-¿Y qué me dice de la situación que se vive allá? ¿Maduro es un dictador?
-Maduro ha sido elegido en elecciones limpias,  hasta el ánfora era transparente.
-Pero entonces ¿no reconoce nada malo en Maduro?
-Bueno sí, su corte de pelo es pésimo.
-Vamos candidata, ¿usted cree que Maduro respeta la libertad de expresión?     
-Maduro es totalmente libre de expresarse.
-Pero, vamos,  ¿qué opina usted? ¿En verdad no cree que el gobierno de Maduro es autoritario?

 Mendoza titubea por un momento.

-No.
-¿No?
-No, solo tiene mucha autoridad.

En ese momento, el asistente y el encargado de prensa ingresan intempestivamente y me hacen una señal del tipo: “hasta aquí nomás”. Mendoza vuelve a sonreír, distendida.
-Gracias por la entrevista –me dice y nos damos la mano.

Cuando estoy saliendo del chifa, veo que Mendoza y sus colaboradores estallan de felicidad y hasta aplausos se escuchan. Imagino que acaban de recibir la última encuesta que, quizá, ya  la ponga en segundo lugar. Si es así, Mendoza no será la única candidata que salte de alegría.


Publicado en la revista Velaverde Nº159

lunes, 28 de marzo de 2016

Alan: ¿el final?

El doctor Medina llega a la residencia e ingresa por la puerta trasera. Ahí lo recibe Jorge del Castillo.

-Doctor, gracias por venir a estas horas de la noche –dijo mientras lo guía dentro de la casa.
-No se preocupe –dijo Medina, siguiendo el paso de Del Castillo-. De modo que se trata de una emergencia.
-Exactamente doctor, ya no sabemos qué hacer. Está descontrolado.
-Entiendo, están preocupados por su seguridad.
-En realidad nos preocupa más la nuestra.

Del Castillo y el doctor Medina atravesaron la suntuosa sala y llegaron hasta la puerta de la biblioteca. El expremier la abrió y ambos ingresaron. El doctor Medina estaba tan impresionado con los numerosos estantes llenos de libros que apenas se dio cuenta de que estaba siendo observado con atención.



-Doctor Medina, un gusto conocerlo.

El doctor reacciona y voltea. Entonces vio a Alan García y le dio la mano.

-Bueno, yo los dejo –dijo Del Castillo.
-Anda nomás Jorge, ya te avisaré cuando el doctor tenga que irse.

Del Castillo sale de la biblioteca y cierra la puerta tras de sí. El doctor y García se sientan uno frente al otro.

-Doctor –dijo García- me han hablado mucho de usted.
-Ah bueno, pero no haga caso. La gente habla tonteras.

García amagó una sonrisa y luego entrecruzó los dedos de las manos.

-¿No tiene algo así como un diván? -preguntó el doctor.
-No, ¿es muy necesario?
-No, no tiene importancia.
-Mire doctor -dijo García- lo he llamado porque no puedo más con esta situación.
-Tranquilo, todo se va a solucionar.
-¿Usted cree?
-Claro, la cosa es que le ganemos a Uruguay y de ahí ya nadie nos para.
-Doctor, por favor, le estoy hablando de mi situación personal.
-Ah bueno, pero es que como todos hablan de la selección. ¿A usted no le gusta el fútbol?
-Un poco, pero en lo que sí soy bueno es en el Frontón.
-Bueno, empecemos. ¿Cuál es exactamente el problema?
-El problema es justamente ese. No sé lo que está pasando. ¿Ha visto las últimas encuestas?
-Sí, claro.
-Entonces habrá visto que en ninguna paso del quinto lugar.
-Bueno, en la encuesta de IDICE usted está segundo.
-Por favor, doctor, las encuestas de IDICE las hago yo mismo.
-¿Entonces su problema son las encuestas? Creo que se equivocó de profesional. Yo soy psicoanalista, no asesor político.

García sonríe apenas. Ahora pone sus manos sobre sus rodillas.

-Doctor, no sabe lo difícil que ha sido para mí llamarlo.
-Entiendo, no es fácil reconocer que uno necesita ayuda.
-No, es que no encontraba su teléfono por ningún lado.
-Bueno, ahora necesito que sea totalmente sincero conmigo.
-¿Sincero? ¿Yo?
-Bueno, tendrá que hacer un esfuerzo si quiere que lo ayude.
-Está bien.

El doctor Medina se reacomoda en el asiento y, recién entonces, saca de su maletín un lapicero y una libreta de notas.

-Dígame exactamente qué siente en este momento.
-Calor, doctor. Me muero de calor.
-Pero en el interior cómo está.
-En el interior mal, pero en Lima estamos peor.
-Olvídese por un momento de las elecciones. Le pregunto que cómo se siente interiormente.
-Mal, me siento mal, incomprendido, ignorado por la gente.
-Ya veo –dijo el doctor tomando notas-. Y siente que son injustos con usted.
-Eso mismo. El pueblo es injusto conmigo. Es cierto que en mi primer gobierno la embarré, pero el segundo fue mucho mejor.
-¿Y los narcoindultos?
-Pero doctor, ¿usted también me va a echar la culpa por eso?
-No, para nada. Al contrario yo creo firmemente que los malos hombres se pueden regenerar. Por eso estoy aquí.
-¿Cómo dice?

El doctor Medina abre los ojos  y deja de escribir.

-No me malentienda. Lo que digo es que estoy aquí para entender a las personas en general.
-Voy a creer en lo que dice doctor. Pero siento que hablamos y hablamos y no hemos logrado ningún avance.
-¿Cómo que no? Ya vamos 15 minutos y yo cobro por hora.
-Pero no hemos avanzado nada de mi problema.
-¿Y cuál es su problema?

García siente que la sangre se le sube a la cabeza.

-¡Maldita sea! Otra vez con la misma pregunta.

El doctor Medina lo mira imperturbable mientras García parece calmarse.

-Perdone doctor, es que ando muy sensible.
-No se preocupe, le volví a preguntar a propósito para ver qué tan susceptible está.
-¿Y cómo estoy?
-¿Cómo está de qué?
-¡Carajo! ¿De qué va a hacer? De lo que me está diciendo pues.

El doctor se muestra igual, como si el exabrupto no tuviera nada que ver con él.

-Perdóneme doctor –dijo García-. Es que me salgo de mis casillas.
-Tranquilo, lo sé, esa fue otra prueba.
-Vaya doctor, por favor ya no sigamos con sus pruebitas.
-No, no es necesario. En verdad usted está bastante mal.
-Es lo que le digo doctor. Estoy tan mal, tan deprimido que estoy a punto de cometer una locura, ya quiero terminar con esto de una vez.
-No me diga que está pensando en…
-Sí, doctor, cada vez estoy más convencido de eso. Además, el pueblo no me va a extrañar.
-Pero, ¿qué dice? ¿Y su familia?
-Ellos serían los más felices.
-¿En serio?
-Claro, si renuncio a mi candidatura podría pasar más tiempo con ellos.
-Ah ya, usted hablaba de renunciar a ser candidato.
-Claro doctor. Pero no sé si tenga el valor de hacerlo.
-Mire, usted está pasando por una crisis de negación. No quiere aceptar que la gente ya no confía en usted.
-Eso lo sé. Pero lo que no sé es por qué. Si yo siempre los he tratado casi como si fueran mis iguales.
-Bueno, no se puede tener todo en la vida.
-Eso será para los seres simples, doctor. Yo he gobernado dos veces este país y quiero hacerlo una vez más.

El doctor Medina lo mira con atención, hasta parece ser una mirada piadosa.

-Mire, tiene que relajarse. Mi consejo profesional es que abandone la campaña y se tome unas largas vacaciones alejado de la política.
-Como le dije, lo he pensado, pero no lo puedo hacer. No puedo doctor.
-Bueno, ese es mi consejo. Hágalo y verá lo bien que eso le va a hacer no solo a usted.
-¿Habla de mi familia?
-No, hablaba del país.



Publicado en la revista Velaverde Nº156

lunes, 21 de marzo de 2016

El factor Mark


Son las 10 de la mañana del viernes 18 de marzo. Estoy esperando que llegué la persona que logré contactar gracias al amigo de una amiga. Él tiene información sobre lo que pasó durante un concurso organizado por Factor K en el Callao. Por este evento el JNE ha abierto un proceso de exclusión a la candidata Keiko Fujimori.

Llevo 20 minutos esperando y ya me terminé mi segundo vaso de jugo de naranja. Pero ya veo que viene, lo distingo por su foto del Facebook. Lleva unos pantalones anchos, un polo enorme y una gorra. Alzo la mano para que se acerque.  Me saluda un poco desconfiado. Le digo que pida lo que quiera. Pidió un jugo de fresa y un sándwich de chicharrón.

-¿Tú eres el periodista?
-Sí, claro.
-Mi causa me dijo que me iba a caer un billete.
-Te llamas Juanjo, ¿no?
-Sí.
-Mira Juanjo, nosotros no pagamos a los entrevistados.
-A mí me dijeron otra cosa.
-Mira Juanjo, a mí también me dijeron otra cosa.
-¿Qué cosa?
-Que estabas descontento con el trato que te habían dado en Factor K y por eso estabas dispuesto a hablar.

Juanjo me miró con curiosidad un par de segundos. Cogió la visera de su gorro y la bajó un poco.

-Sí, es verdad, a mis amigos y a mí nos prometieron que nos iban a dar dos billetes de 50 a cada uno si íbamos ese día y gritábamos por Keiko.
-¿Y no cumplieron?
-No, nos dieron un billete de 100. ¿Te puedes imaginar eso? ¿Quién nos iba a cambiar un billete de 100 soles?
-Pero me dijeron también que no solo fuiste a gritar por Keiko sino que ya llevabas tiempo trabajando con Factor K.
-¿Trabajando? Hasta donde sé si trabajas te pagan.
-Entonces, ¿no te pagaban?
-No, bueno al comienzo sí, pero después ya la cosa fue cambiando. Creo que el hombre se cansó de gastar o algo así.
-¿Quién?
-Había un nombre que era el que nos decía qué hacer.
-¿Cómo se llamaba?
-A ver…era uno que no hablaba bien el español.
-¿Acuña?
-No.
-¿Kenyi?
-No, ya me acordé. Matt o Mack, algo por ahí.
-¿No será Mark?
-Sí, Mark. Un gringo con cara de no matar ni una mosca.



En seguida saqué mi celular y lo puse sobre la mesa.

-¿Te molesta si grabo la conversación?

Juanjo movió sus ojos a un lado, dio un suspiro y dijo que no moviendo la cabeza. Busqué la aplicación y empecé a grabar.

-Entonces Mark era el encargado del dinero.
-Sí, cuando había que pagarnos era él quien llegaba con un maletín y unos chalecos bravos.
-Entiendo, los chalecos eran para repartirlos también.
-No causa, no me entiendes. Chalecos pues, o sea seguridad, venía con dos grandazos, un par de roperos y cuando digo roperos no me refiero a los muebles.
-Sí, claro, ya entendí. Bueno, entonces el dinero de Factor K no venía de ese empresario fujimorista del que estaban hablando.
-No, lo traía el gringo ese.
-Pero algo no me cuadra, ¿por qué se arriesgaría tanto Mark a venir él mismo? Si la prensa lo hubiera visto habría sido un escándalo.
-Ah bueno no sé. Para mí que no confiaba en nadie más.
-Puede ser. De repente venía con algo para que no lo reconozcan.
-Bueno, venía con lentes.
-Claro, con lentes oscuros para disimular.
-No, con lentes de contacto.

Entonces el mozo llegó con el jugo de fresa y el sándwich pedido por Juanjo. Mi invitado no tardó en empezar con el jugo. “Le falta algo de azúcar”, me dijo algo decepcionado. Luego le dio el primer mordisco al pan con chicharrón y dijo: “No está mal”.

-A ver Juanjo, para ti hay alguna duda que el dinero que se entregó en el concurso era dinero del fujimorismo.
-Era dinero de Factor K.
-Ya sé eso.
-¿Entonces para qué preguntas?
-Mira Juanjo, me acabas de decir que Mark, el esposo de Keiko, le llevaba el dinero a la gente de Factor K.
-¿El gringo es el esposo de Keiko?
-Claro.
-No sabía. ¿Y cómo están? ¿Bien? ¿Qué tal se llevan como pareja?
-No sé Juanjo, no tengo idea. Pero no nos desviemos y retomemos. Mark le daba dinero a Factor K.
-Ya te dije que sí.
-Y con ese dinero es que se le pagó a los ganadores del concurso.
-Eso mismo.

Apenas terminó de responder, Juanjo dio otra mordida al sándwich. Yo enmudecí unos breves segundos, mientras terminaba de saborear la primicia.

-Bueno Juanjo. Con esto vamos a tumbar a Keiko. El JNE la tendrá que sacar de carrera.

Entonces Juanjo casi se atora. Tosió un par de veces y me miró serio.

-¿Qué dices?
-Nada Juanjo, no me hagas caso.
-¿Cómo que nada? Es verdad que estoy molesto con la gente de Factor K, pero con Keiko es otra cosa. Yo quiero que me paguen lo que me deben, pero quiero que gane Keiko. 
-¿Puedo saber por qué?
-No, causa, no puedes. No tengo por qué darte explicaciones.
-Tranquilo Juanjo, solo era una pregunta.

Entonces, de pronto, Juanjo se puso de pie.

-Hazte de cuenta que no he dicho nada. No te conozco y no pongas mi nombre ni nada de lo que te he contado.
-¿Y si te cambio de nombre? Nadie sabrá que fuiste el que me contó lo de Mark.

Juanjo negó con la cabeza.

-No te conozco y no me conoces.

Entonces se tomó lo que quedaba del jugo, cogió el último pedazo del pan y se fue. Mientras lo vi partir y dejar el local, muchas interrogantes vinieron a mí. ¿Debo publicar la entrevista? ¿Debo tratar de conversar con otro miembro de Factor K? ¿Debo dejarle propina al mozo?

Pese a todo decidí publicar nuestra conversación. Todo lo dicho aquí es verdad salvo, desde luego, la identidad de mi informante involuntario. Por lo que, como se pueden imaginar, Juanjo en realidad no es Juanjo y, para ser totalmente sincero, al jugo no le faltaba azúcar; bueno, quizá un poquito.