Querido diario:
Te cuento que vengo
de una de las marchas antifujimoristas. Fui para ver cómo iba a la cosa, pero
tengo que confesarte que no había ambiente. Todo muy aburrido, nada de
enfrentamientos, ni bombas molotov, ni disparos, ni bombas lacrimógenas, ni siquiera
un poquito de sangre, nada. Y eso que, según los fujimoristas, todos eran
terroristas.
Ayayay. Esta protesta
me hizo recordar lo que pasó en julio del 2000. Yo me estaba alistando para
salir, cuando un amigo me llama y me dice que lo acompañe a la Marcha de los 4 suyos. “Tienes una cita
impostergable con la historia”, me dijo. Y yo le dije que no podía porque, en
verdad, la cita impostergable la tenía con el dentista; pero al final acepté.
Recuerdo a esa inmensa masa de gente y recuerdo a Toledo, cuando Toledo era líder
y valiente, o sea, antes de Ecoteva. Tuvimos
suerte que no nos pase nada. Y es que en la época de Fujimori la cosa era
seria. Un día podías estar marchando y gritando a todo pulmón: “Fuera chino
rata” y unas horas después, gracias a la capacidad ejecutora del gobierno, una rata se podía estar comiendo tu pulmón.
Ahora estamos en 2016.
Fujimori padre está hacinado en su prisión de 800 metros cuadrados, Keiko
lidera todas las encuestas y, lo peor de todo, Lapadula no quiere venir a la
selección. Verdad, esto me ha hecho recordar que la próxima semana Perú volverá
a jugar. Ese día todos vamos a querer ganarle a Venezuela; creo que Verónika
también. Además, se trata de un partido clave. En esto Gareca ha sido muy
claro: “O ganamos este partido, o lo perdemos”.
Ya está. No sigo más, es hora de
comer, dormir e hincar como ninguno.
Fuente: El Otorongo (18.03.2016-Peru21)
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