viernes, 10 de julio de 2015

Chuponeo S.A. (Freddy-Humala)



Ollanta Humala: Aló Freddy. ¿Cómo van las cosas por allá?
Freddy Otárola: Ahí vamos señor presidente. ¿Y cómo va España? Pese a la crisis debe seguir más adelantado que nosotros.
OH: Sí, me dicen que siete horas más, pero no te preocupes, confío en que si reactivamos la economía lo vamos a alcanzar.
FO: Si usted lo dice.
OH: Más bien dime, ¿cuál ha sido la reacción a mis declaraciones?
FO: ¿Cuáles declaraciones?
OH: ¿Cómo que cuáles? Las que hice sobre la concentración de poder en el país.
FO: ¿Habló sobre Nadine?
OH: No, hablé sobre el poder mediático que quiere desestabilizar mi gobierno. ¿O por qué crees que los medios critican tanto a Nadine?
FO: Ah yo pensé que era por sus nexos con Belaúnde Lossio, por el dinero de Venezuela, por la tarjeta de su amiga, por…
OH: Mejor cambiemos de tema. Dime, ¿cómo va la elección de la mesa directiva del Congreso? ¿Tenemos opciones? ¿Debo preocuparme?
FO: Para nada.
OH: Qué alivio.
FO: Digo que para nada tenemos opciones.
OH: Pero esto no puede ser. ¿Ayer no me dijiste que nos íbamos a quedar con la mesa del Congreso?
FO: Sí, eso sí. ¿A dónde se la enviamos?
OH: Qué decepción. Y a todo esto, ¿quién va a ser nuestro candidato?
FO: No sabemos todavía. Eso lo decide el Comité Central de la Alta Dirección del Partido.
OH: Vaya, ¿y quiénes son esos?
FO: Es Nadine nomás. Más bien por qué no me pasa con ella para consultarle.
OH: No está. Las críticas por lo de la quinua en Italia la alteraron tanto que se ha ido allá para solucionar eso.
FO: Qué bien. ¿Y a quiénes va a ver? ¿Al premier Renzi y al presidente Mattarella?
OH: No, a Dolce y Gabbana.


Publicado en "El Otorongo" (Peru21 - 10.07.15)



lunes, 6 de julio de 2015

Carta abierta a Nadine


Querida Nadine:

En circunstancias aciagas es cuando se distinguen los apoyos convenidos de los desinteresados. El mío, desde luego, se encuentra en este último grupo y data desde  la primera vez que la vi en la escena pública. ¿Te puedo tutear no? ¿Al menos tuitear? ¿Tampoco? Bueno, volvamos al usted mejor.

¿Usted cree en el aprecio a primera vista? Pues eso es exactamente lo que me pasó cuando en el 2000 la vi, valiente y luchadora, declarando a la prensa y explicando que si su esposo, el entonces comandante Humala, se levantó en Locumba fue básicamente por qué había dormido ahí. Desde entonces pude deslumbrar que el destino le tenía reservado un lugar estelar en la política peruana. 


 
No recuerdo otra primera dama cuya voz y presencia hayan sido tan importante para el desarrollo de un país. Y por eso la han atacado injustamente desde el primer día. Afortunadamente, usted no ha perdido el tiempo en responder las injurias y, en cambio, con visión de estadista, se dedicó por completo a temas más importantes como lograr la inclusión social. Que la primera inclusión social en la que trabajó haya sido la suya no tiene que escandalizar a nadie.

Sin embargo, este año la oposición parece especialmente decidida a hacerle daño. Primero, un fiscal ha reabierto de manera sospechosa el caso del dinero enviado desde Venezuela, el mismo que ya había sido archivado por el Poder Judicial. Es cierto que la primera investigación se hizo mal, pero ¿acaso eso es relevante? Lo que el fiscal ignora –o quiere ignorar- es que en los tiempos que corren la tendencia moderna es buscar la integración, borrar las fronteras, ser, en buena cuenta, ciudadanos del mundo. En ese contexto, ¿qué puede tener de malo recibir dinero de un país hermano como Venezuela? En general, el trasiego de dividas entre  países no solo no debe ser criticado, sino, todo lo contrario, debería ser incentivado. Que la ley prohíba el financiamiento externo de las campañas presidenciales es solo una muestra de lo atrasado de nuestro sistema legislativo. Usted tranquila, Nadine.

El uso de una tarjeta extendida que tan desinteresadamente le ha dado su entrañable amiga ha sido otra excusa para atacarla. Ignorantes que la amistad sincera existe y puede ser tallada en roble, los opositores aseguran que algo extraño debe haber detrás de esta amistad crediticia. Sin embargo, a mí no me parece extraño que estas cosas ocurran. Ya lo ha dicho muy bien el presidente Humala: son cosas de señoras en las que nadie debe inmiscuirse. Que esta generosa amiga trabaje en Palacio de Gobierno no tiene desde luego ninguna importancia.

Otra forma que han buscado para dañar su imagen, querida Nadine, es el caso de Belaúnde Lossio. El primer golpe lo dio la comisión que investiga este tema al hacerla acudir al  Congreso de la República, sabiendo perfectamente que a usted, como es natural, le molesta interactuar con la plebe. El segundo golpe, ya planeado con antelación, fue que pase de la condición de testigo  a la de investigada. Me pregunto, ¿qué afán es ese de investigarla a usted cuando es bien sabido que Belaúnde Lossio –también bien sabido- no tiene nada que ver con usted?  Es cierto que una vez le pagó miles de dólares por una consultoría sobre la Palma Aceitera, pero ¿cuál es el problema con eso? Que usted sepa de Palma Aceitera tanto como su esposo sabe de ingeniería nuclear no tiene por qué generar sospechosas.

Finalmente, estimada Nadine, mi única intensión de escribirle esta carta es hacerle ver que no todos los peruanos de este país están en contra suya; también hay peruanos en el extranjero. Además, no le haga caso a esa encuestadora que dice que su aprobación es apenas del 11%, quizá sea menos todavía. Pero nada de estas cosas debe atormentarla, le aseguro que todavía hay muchas personas que, como yo, la tienen en la más alta estima y confían plenamente en usted.

De cualquier modo es posible que algún día el país ponga a usted y a su esposo en el lugar que les corresponde. Pero no se preocupe, no suele ocurrir.
 
Atentamente,

Cándido Torrejón.



Publicado en la revista Velaverde Nº122

viernes, 3 de julio de 2015

Chuponeo S. A. (Belaúnde Lossio - Humala)



Martín Belaúnde Lossio: Aló Ollanta. Soy Martín.

Ollanta Humala: Caramba, después de todo lo que ha pasado tu llamada me sorprende.

MBL: A mí también. En realidad he querido llamarte antes, pero debo admitir que me hacía falta algo.

OH: ¿Valor?

MBL: No, saldo. Felizmente pude recargar mi celular  y…

OH: Espérate, ¿cómo me puedes llamar desde la cárcel? ¿Y el bloqueador no funciona?

MBL: Sí, pero solo en horario de oficina. 
 
OH: Con razón todo sigue mal. Bueno, dime, ¿qué quieres decirme? Que sea rápido porque a mí no me gusta hablar con impresentables.

MBL: A mí sí, hablemos nomás.

OH: ¿Para qué me has llamado?

MBL: Mira, he visto que sigues mal en las encuestas. La última te da 10% de aprobación. Hasta yo debo tener más. Y lo peor es que vas a seguir cayendo.

OH: ¿Tú crees? ¿Cuánto más?

MBL: Mmm… ¿sabes leer decimales?

OH: Por Dios. ¿Tanto así?

MBL: Para eso te llamaba. Quiero ayudarte a que subas tu aprobación.

OH: ¿Tú quieres ayudarme? ¿Y cuál sería tu interés en esto?

MBL: Como siempre, el 10%. ¿O ya no te acuerdas?

OH: No, me refiero a qué ganas con ayudarme.

MBL: Mira, si digo que tú y Nadine no sabían nada del dinero de Venezuela, seguro que subirán en las encuestas. A cambio quiero que me ayudes a escapar. ¿Qué dices?

OH: No sé. Eso tendría que consultárselo a Nadine.

MBL: Vamos, Ollanta, ¿no puedes tomar una decisión por ti mismo?

OH: No sé. Eso también tendría que consultárselo a Nadine.

MBL: Está bien, pero no te olvides, apenas sepas algo me mandas un WhatsApp o un email.

OH: ¿Cómo? ¿También tienes internet?

MBL: Sí, pero ni creas. Es 3G nomás


Publicado en "El Otorongo" (Peru21-03.07.15)

lunes, 29 de junio de 2015

El cuento del nacionalismo

Cubiertos por unas frazadas de motivos incaicos, los niños Ollanta y Antauro, estaban acostados en dos camas juntas. Desde ahí observaron que su padre, Don Isaac, con una hoja en la mano, entró a la habitación hasta sentarse a los pies de los colchones.

-Bueno hijos, les voy a contar un cuento para que se duerman.
-¿Cuál papá? –preguntó Antauro.        
-¿Cómo que cuál? El de siempre.

Ollanta y Antauro se miraron, desanimados.



-¿Y por qué no les cuentas a mis hermanos también?
-Ya se los he dicho. Ustedes son los destinados a cambiar este país. ¿Entienden?

Los niños asintieron a duras penas. Don Isaac empezó a leer.

Primero fue tan sólo una figura borrosa que apareció en el horizonte. Conforme se acercaba, su imagen se fue definiendo y quienes lo vieron llegar esa tarde, contarían después que su presencia inspiraba respeto. Imperturbable a las miradas y a los comentarios a media voz, atravesó el pueblo envuelto en una manta color crema. Así siguió andando hasta detenerse recién en medio de la única plazuela del pueblo; dio un gran suspiro y se sentó sobre el suelo. Entonces, ante la atenta mirada de las gentes que lo habían seguido y que ya lo rodeaban, lanzó por fin sus primeras palabras: “El mundo se divide en dos tipos de personas: los que hacen política y a los que le hacen la política”.

-Papá –dijo Ollanta-. Sigo sin entender eso que dices de la política.
-Algún día vamos a entender. –dijo Antauro.
-Exacto, Antauro –dijo Don Isaac-. Bueno, voy a seguir.

Conforme pasaban los minutos, más y más gente lo iba rodeando hasta que pareció armarse una suerte de auditorio. “La política es mala, pero ignorarla es peor”, continuaba disertando. “La democracia  no es perfecta por eso hay que complementarla con la lucha”, precisó. De pronto, uno de los pobladores se levantó y, en tono amenazante, le dijo: ¿Quién eres? ¿Qué quieres en este pueblo? El hombre de la túnica lo observó y, sin ningún apuro, le respondió: “He venido a formar un movimiento político donde todos seamos nacionalistas”.

-Papá, -preguntó Ollanta-¿por qué siempre nos lees el mismo cuento?
-Porque tienen que conocer cuáles son los principios del nacionalismo. Se los repito, ustedes, o quizá uno de ustedes –dijo mirando a Antauro- gobernarán este país. Claro, antes de eso tienen que gobernar a sus esposas.
-Papá, -dijo Ollanta-, yo no me quiero casar.
-Eso dices ahora porque eres niño todavía.
-Papá –dijo Antauro-. ¿Yo soy naciolista?
-Querrás decir “nacionalista”.
-Eso, eso.
-Claro, Antauro, todos nosotros somos nacionalistas.
-¿Y los demás qué son? ¿Extranjeristas?
-Mejor déjame seguir leyendo.

Día a día el hombre de la túnica seguía llegando al mismo lugar del pueblo y empezaba a hablar a la misma hora. Sin embargo, cada vez el número de personas se incrementaba y, de pronto, alguien empezó a llamarlo: guía. Y así se le fue conociendo no solo en el pueblo, sino aún más allá, hasta donde habían llegado los rumores de un hombre que hablaba del nacionalismo, que prometía que los peruanos volverían a ser dueños de su destino. El hombre anunciaba el retorno del apogeo del Tahuantinsuyo, donde todos los extranjeros o todo lo que parezca extranjero deberá marcharse.

Semanas después, el hombre logró reunir a un gran número de seguidores y junto con ellos empezaron a recaudar fondos y luego lograron comprar armas.

-Esa parte me gusta –dijo Antauro.
-Lo sé –dijo Don Isaac.
-Papá –dijo Ollanta-. Nunca me has explicado porque tienen que usar armas.
-Porque los nacionalistas no son muchos y tienen que defenderse de los otros.
-¿De los otros nacionalistas?
-No, de los otros, de nuestros enemigos.
-¿Líbranos señor?

Doña Elena irrumpió en la habitación.

-Vamos Isaac, hay que dejar que los niños duerman.
-Pero todavía no he terminado de contarles el cuento.
-¿El cuento que tú escribiste? ¿Sigues con eso?
-Claro, están en edad de afianzar su nacionalismo.
-Papá –dijo Antauro-, si somos tan nacionalistas, ¿por qué nos has puesto en el Colegio Peruano Japonés?

Doña Elena y Don Isaac intercambiaron miradas.

-Está bien, es todo por hoy –dijo Don Isaac mirando a Doña Elena y luego a sus hijos-. Mañana antes de acostarse les contaré el cuento completo del nacionalismo.
-¿El nacionalismo es un cuento? –preguntó Ollanta.

Don Isaac lo miró con severidad.

-No, es algo real.

Luego padre y madre salieron de la habitación, apagaron la luz y cerraron la puerta tras de sí.

-Antauro –dijo Ollanta en la oscuridad- ¿tú crees que mi papá se haya molestado conmigo?
-Creo que sí, pero mañana dile que eres nacionalista y se le pasa.  
-¿Tú crees?
-Claro. No importa si lo eres o no. Si lo dices te van a creer.


Publicado en la revista Velaverde N°121


                            

viernes, 26 de junio de 2015

Chuponeo S.A. (Jorge-Alan)



Jorge Del Castillo: Aló Alan, ¿cómo te fue en el juicio de los petroaudios?

Alan García Pérez: Bien Jorge, bastante bien. Fíjate que sigo en libertad.

JDC: Eso es bueno. ¿Y qué te preguntaron? ¿Si Canaán te había pagado alguna coima?

AGP: Sí, pero solo una vez. 
    
JDC: ¿Una vez nomás te pagó coima?

AGP: No, una vez nomás me preguntaron.

JDC: Ah ya. ¿Y te dijeron algo de mí? ¿Sospechan que yo estaba involucrado con Canaán?

AGP: No, están seguros.

JDC: ¿Y qué dicen de Rómulo?

AGP: Me preguntaron por qué le dije rata.

JDC: Bueno, Alan, tú sabes que yo pienso que en realidad no se merecía tal insulto.

AGP: ¿Quién? ¿La rata?

JDC: No, Rómulo. Después de todo no tenía nada que ver en este asunto.

AGP: ¿Quién? ¿Rómulo?

JDC: No, la rata.

AGP: Sí, pues. Es una pena que haya tenido que pasar por todo eso.

JDC: Mmm…ya no sé a quién te refieres.

AGP: Más bien aproveché el juicio para deslindar con la corrupción. Les dije que jamás recibimos regalos de las empresas que estaban licitando.

JDC: Claro que no. Primero tenía que acabar la licitación.

AGP: Al final lo importante es que siempre me salvo de la  justicia.

JDC: Ojalá que pase lo mismo con lo de Odebrecht. Las acusaciones son fuertes.

AGP: No pasa nada Jorge. Por algo Dios me ha elegido para volver a gobernar.

JDC: ¿En verdad crees eso? ¿No será una broma?

AGP: Dios no hace bromas.

JDC: ¿Cómo? ¿Y la gracia de Dios?


Publicado en El Otorongo (Peru21-26.06.2015)

lunes, 22 de junio de 2015

Engaño en Miraflores

Llegué hasta el lugar pactado –un café miraflorino- y a los pocos minutos el hombre misterioso llegó. Se acercó a mi mesa, me hizo un rápido saludo y luego se sentó.

-¿Tú eres el de la revista?
-Sí.

El hombre sacó entonces un USB y lo puso sobre la mesa.

-10 mil dólares y es tuyo –me dijo.
-¿10 mil dólares? Por Dios, ¿de cuántos gigas es?

El hombre se reacomodó en el asiento y dio una rápida mirada al interior del café. Luego me miró con fastidio.

-Lo que te estoy vendiendo es la información que está dentro.
-Pero ¿cómo hacemos? No he traído mi laptop. Me lo llevo, lo copio y después te devuelvo el USB.
-No tienes que devolverme nada, el USB no te lo voy a cobrar.
-¿Es gratis?
-Sí.
-¿Y viene con garantía?



Entonces llegó el mozo y le pedí una taza de café.  Cuando se fue, el hombre me miró con suma seriedad.

-Mira, la información que tengo aquí puede tumbarse al gobierno. Eso sí, no puedo darte detalles.
-¿Y cómo te voy a comprar algo a ciegas?
-Entonces, ¿estarías dispuesto a comprármelo?
-Desde luego que sí.
-¿Tienes el dinero?
-Desde luego que no.

El hombre puso la mano sobre el USB.

-Si no hay dinero no hay trato.
-Pero dime de qué se trata.
-No estoy para perder el tiempo.
-Yo sí. Te escucho.

El hombre cogió el USB, lo puso en el bolsillo de su saco y se puso de pie.

-Espera, siéntate. Dime de qué se trata y veré qué puedo hacer.
-Está bien –me dijo-. Aquí tengo las transferencias a la primera dama entre el  2006 y 2009. El contrato de la Palma Aceitera. Los gastos con la tarjeta de su amiga. La cuenta del Scotiabank y la de París.
-Pero todo eso ya se sabe.

El hombre se puso pálido y por unos segundos quedó en silencio. Luego reaccionó.

-¿Y que la amiga de Nadine le estaría pagando el alquiler de una casa de playa?
-También ya se sabe.

Movió la cabeza a los lados.

-¿Tú no ves noticias? –le pregunté.
-Solo deportes y espectáculos.

El mozo llegó y puso el café delante de mío. Entonces el hombre metió la mano en su bolsillo y sacó el USB.

-¿Entonces esto no vale nada?
-Bueno –le dije-, vale lo que cuesta el USB.
-¿Y cuánto me darías por él?
-Nada. No necesito uno.

El hombre se puso de pie y se volvió a guardarlo.

-Dime y también ya salió a la luz el documento que prueba que el dinero que llegó a las cuentas de Nadine era dinero sucio mandado por Chávez.

Apreté el puño y parpadeé varias veces.

-Ah sí, claro –mentí- ese documento también ya salió.
-Me voy entonces. No tengo nada que ofrecerte.
-Espera, espera. Mira, solo para que no te vayas sin nada, está bien, te compro el USB.
-¿A cuánto?
-Mira, esos están 40, 50 soles. Te doy 100 para que te lleves algo al menos.

El hombre sacó el USB y lo puso sobre la mesa. Recibió el dinero y lo guardó en su bolsillo.

-Muchas gracias –me dijo.
-De nada. Más bien tómalo como un gesto de agradecimiento mío por leer mis columnas.
-Pero yo no leo tus columnas.
-¿No? Por teléfono me dijiste que las leías.
-Te lo dije para que me prestes atención nomás.
-Ah bueno –le dije.
-Ahora sí me voy.
-Antes que te vayas, dime, ¿el documento está en Word o es una imagen en JPEG?
-¿Cuál documento?
-El que demuestra que el dinero era chavista.
-Ah no, ese documento no lo tengo.
-¿Cómo que no lo tienes? ¿No me acabas de preguntar?
-Sí, claro, pura curiosidad nomás. Ni siquiera sé si ese documento existe.
-¿Entonces te pagué 100 soles solo por un USB de 8 gigas?
-Es de 4 nomás.
   
Terminó de decir aquello, arrimó la silla y salió del local. El disgustó no tardó en adueñarse de mí. Le di un sorbo al café y, como no podía ser de otra forma, estaba amargo. Entonces pagué la cuenta y salí.

Mientras caminaba por la calle, bajo la sombra de los árboles miraflorinos, comprendí que la amargura de haber sido engañado no se me quitaría fácilmente. En verdad le había creído que leía  mis columnas. Belaúnde Lossio tiene razón, ya no se puede confiar en nadie.


Publicado en la revista Velaverde Nº120

viernes, 19 de junio de 2015

Chuponeo S.A. (Josué-Nadine)



Josué Gutiérrez: Aló Nadine, Te habla Josué. Estoy indignado por la campaña que están haciendo contra ti. Tú tienes todo el derecho de tener las cuentas que quieras.
Nadine Heredia: Gracias Josué.
JG: Y si el dinero vino de Venezuela a nadie le debe importar.
NH: Ya ni me hagas acordar. ¿O tú también me vas a molestar con ese tema?
JG: No, cómo crees. Yo soy incapaz.
NH: Bueno, eso es cierto.
JG: Mira, Nadine, ya debemos ir preparándonos para la elección del nuevo presidente del Congreso.
NH: ¿Tienes a alguien en mente?
JG: Sí, a Tilsa Lozano.
NH: ¿Y qué tiene que ver ella con el Congreso?
JG: Ah tú te refieres a alguien en mente para candidato.
NH: De eso estamos hablando pues.
JG: Claro, mira sí, sí hay un congresista en la bancada que se destaca por ser leal, obediente y humilde.
NH: ¿Y quién es?
JG: Yo.
NH: ¿Tú? Mmm, no sé.
JG: Recuerda que siempre te he defendido con toda mi inteligencia.
NH: Lo sé Josué, pero no tienes que disculparte.
JG: ¿Qué dices entonces? ¿Me lanzas?
NH: Bueno, ganas no me faltan. Déjame pensarlo y luego te comento.
JG: Gracias Nadine. Yo sabía que no te ibas a olvidar que he sido tu fiel escudero, sobre todo en esto de tus manejos financieros.
NH: Te voy a pedir Josué que ya no me menciones para nada ese tema. Una mención más de eso y voy a reventar.
JG: Está bien. Hablemos de otras cosas.
NH: De acuerdo. 
JG: ¿Y Nadine? ¿Qué cuentas?


Publicado en "El Otorongo" (Peru21-19.06.2015)