viernes, 7 de noviembre de 2014

Chuponeo S.A. (Abugattás - Humala)



Daniel Abugattás: Aló señor Presidente, le habla Daniel.

Ollanta Humala: Hola Daniel, a los tiempos. ¿Qué ocurre?

DA: Ocurre que es hora de actuar. No podemos dejar que este hombre se burle así del país.

OH: ¿Y ahora qué ha dicho Urresti?

DA: No estoy hablando de él.

OH: ¿No me digas que López Meneses me sigue difamando diciendo la verdad?

DA: No, le estoy hablando de Manuel Burga. Algo tenemos que hacer. Justo acabo de comentárselo a Josué Gutiérrez. Ese hombre es un impresentable.

OH: Lo sé, pero es el vocero de la bancada.

DA: Me estoy refiriendo a Burga. El pueblo ya está cansado de que este señor use a la Federación como si fuera su chacra. Y encima la selección no gana ni experiencia.

OH: Pero Daniel, hay que pensar con mucho cuidado lo que se va a hacer.

DA: Déjemelo a mí nomás. Solo necesito luz verde para intervenir con todo.

OH: El problema es que Nadine ha salido. Si gustas le puedo dejar el recado y…

DA: Olvídese de Nadine. Usted es el presidente. Usted tiene que tomar la decisión.

OH: ¿Yo solito?

DA: Claro, señor Presidente, solo necesito que me diga que tengo su autorización y yo mismo voy y saco a Burga a patadas.

OH: Calma Daniel. No hay necesidad de usar la violencia.

DA: Pero si lo sacamos usted va a subir en las encuestas.

OH: ¿Y puedes solo o te mando a la Diroes?


Publicado en El Otorongo (Peru21 - 07.11.2014)

martes, 4 de noviembre de 2014

No me esperen en Locumba

En medio del fuego cruzado de acusaciones de las últimas semanas, el tema del levantamiento de Locumba por parte del entonces comandante Humala volvió  a la luz. ¿Fue  o no una coincidencia que el mismo día que Vladimiro Montesinos se fugó del país a bordo del yate Karisma, los hermanos Humala llamaron la atención de la prensa con su levantamiento en Locumba? ¿En verdad era necesaria una pregunta tan larga? 

Ante tanto barullo, queremos dar nuestra contribución al respecto. Los hechos a continuación descritos han sido totalmente corroborados, aunque no en su totalidad.

La madrugada del 29 de octubre del 2000, el comandante Ollanta Humala salió de su base en Locumba, en Tacna, al mando de una tropa de 57 soldados. Para poder salir con ellos, Humala dijo que realizaría una marcha de campaña a un lugar denominado Alto de la Alianza. Los soldados –todavía amodorrados- no lograban entender por qué el comandante les había hecho salir con todas sus cosas y con suministros para una semana, cuando la salida solo duraría horas.

Más de dos horas después de haber partido, algunas sospechas empezaron a cernirse sobre los soldados. “Algo raro está pasando –pensó uno de los más avispados-, ¿si nuestro destino es Alto de la Alianza por qué ya lo pasamos hace más de media hora?



Entonces, de pronto, Humala pidió la atención de todos. Bajo el cielo despejado, plagado de estrellas, el Comandante miró con emoción a sus soldados.

-Queridos soldados, como ya se habrán dado cuenta, no estamos yendo a Alto de la Alianza.

Los soldados se miraron entre sí.

-Se preguntarán ustedes entonces para qué han salido. ¿Alguien se imagina para qué hemos venido hasta aquí?
-¿Para un partido de paintball?
-No, soldado, es algo más importante.
-¿Un campeonato de paintball?
-No, esto no se trata de ningún juego. Esta noche vamos a hacer historia, vamos a ser los hijos predilectos del Perú, pero no seré yo quien les diga qué hacemos aquí.

En ese momento, desde detrás de unos arbustos, emergió la figura esmirriada de Antauro. Apenas la tropa lo vio, la mitad de soldados rastrilló sus armas.

-Soldados, es mi hermano –dijo Humala-.El mayor Antauro.

Entonces la otra mitad de soldados rastrilló su arma.

Antauro caminó hasta Ollanta. Miro casi de reojo a los soldados que lo miraban y luego se acercó a su hermano.

-Ollanta –dijo casi susurrando- ¿Trajiste las fichas para mi discurso?
-Olvídate de eso Antauro. Di lo todo lo que tengas en mente.
-¿Estás seguro?
-Espérate –dijo, moviendo la cabeza- mejor voy a ver si encuentro las fichas.
-No, tienes razón. En estos casos es mejor dejarse llevar por la inspiración de la historia.

Entonces Antauro dio unos pasos y vio a los soldados. Donde había confusión, desgano y desconcierto, quiso ver entusiasmo, expectativa y militancia.

-Soldados, permítanme presentarme –dijo Antauro-. Con ustedes: yo.

La tropa seguía impertérrita; algunos miraban a Humala buscando una explicación.

-Esta noche –continuó Antauro-.  Vamos a hacer historia.
-Eso ya lo dijo el Comandante –dijo un soldado.

Antauro retrocedió y se acercó otra vez a Ollanta.

-¿Ya dijiste eso?
-Sí.
-Pero eso se suponía que tenía que decirlo yo Ollanta.
-Vamos Antauro, eso es lo de menos.
-Está bien.

El Mayor se colocó otra vez frente a la tropa.

-Soldados, no solo vamos a hacer historia, vamos a ser los hijos predilectos…
-También ya nos dijeron eso.

Antauro se cogió la cabeza y se acercó a Ollanta.

-¿En verdad también dijiste eso ya? Tú sabías que esa era mi parte favorita. Prácticamente me he metido en esto solo para decir eso.
-Vamos Antauro, no exageres. Además, te aseguro que no he dicho nada más.

Antauro volvió a su posición y carraspeó antes de hablar.

-Soldados, hermanos míos, desde los tiempos de Cáceres no se ha visto un gesto como el nuestro.
-Una gesta –dijo Humala.
-Bueno, gesta –dijo Antauro-, pero esta gesta es igual un gesto de valentía, de coraje, de amor por la patria. Cáceres nos mostró el camino hace muchos años y ahora ustedes y nosotros seguiremos por esa ruta de verdadero patriotismo peruano etnocacerista. ¿Alguna pregunta?
-Sí –dijo un soldado-. Ya no vamos a ir a Alto del Alianza, ¿no?

Antauro volteó a ver a Ollanta. Este alzó las cejas y los hombros al mismo tiempo.

-Soldados –continuó Antauro- esta noche…
-Ya está amaneciendo Antauro –dijo Humala.
-Bueno, esta mañana…
-Pero tampoco es de mañana todavía.

Antauro se pasó la mano por la frente.

-Hoy vamos a declarar nuestra segunda independencia, vamos a liberarnos del yugo del dictador Fujimori. Desde aquí, desde Locumba…
-No, Antauro, ya salimos de Locumba…
-¿Entonces? ¿Dónde estamos?
-No sé –dijo Ollanta.

Antauro se frotó las manos en el rostro.

-Soldados, no importa donde estemos, sino a dónde nos estamos yendo.
-¿Al Alto de la Alianza?
-No.
-¿A Locumba?
-No, tampoco, no hablo de eso, me refiero a que estamos yendo hacia el derrocamiento de una dictadura. Nos estamos sublevando en nombre de la constitución de 1979, en nombre de la democracia, de la verdadera democracia donde todas las voces deben ser respetadas.
-Pero mayor…
-Cállese y escúcheme. Desde hoy 29 de octubre, dejaremos de ser soldados de este Ejército corrupto y seremos soldados del país, de los peruanos, del espíritu etnocacerista.

Un murmullo recorría por la tropa. Primero eran voces casi apagadas, luego fueron ganando fuerza, hasta que un soldado lo vociferó con claridad.

-Hemos sido engañados. Nos dijeron que iríamos a una campaña.
-Pero es una campaña por tu país.
-Yo soy arequipeño.

Antauro enmudeció por un segundo.

-Soldados –volvió a dirigirse a la tropa- les prometo que si logramos la victoria serán unos héroes y cuando caiga este régimen corrupto el país los recompensará.

Dos horas después, Antauro, Ollanta y la tropa seguían recorriendo parajes desolados sin aparente rumbo fijo. En un descanso, Ollanta se acercó Antauro.

-Antauro, ¿estás seguro de que es por aquí?
-Mmm, bueno, no sé, creo que debimos doblar a la izquierda en Alburqueque.

Tres horas después de un larga caminata, y sin previo aviso, el comandante Humala ordenó a la tropa detenerse, lo cual  fue bastante sencillo considerando que ya hacía rato que se había desparramado por el suelo.

-Hemos llegado soldados –dijo Humala.

Habían llegado al  campamento minero de Toquepala, en Moquegua. Allí tomaron las instalaciones y se proveyeron de víveres. Mientras los hermanos Humala lavaban manzanas, de pronto, fueron sorprendidos por la llegada de un periodista.

-¿Por qué están haciendo esto?

Antauro le dijo a Ollanta: “Déjame a mí”.

-Te explico –dijo Antauro- la limpieza de las frutas es una de las…
-No, les pregunto ¿por qué se han atrincherado?
-Demandamos que Fujimori deje la presidencia.
-¿Y van a estar aquí hasta que eso ocurra?
-Exacto, estaremos aquí hasta que Fujimori deje de ser presidente, o hasta que llegue el fin de semana, lo que ocurra primero
-¿Y desde un inicio han estado buscando la caída del régimen?
-No, al principio lo que estábamos buscando era el Alto de la Alianza.
-Pero son conscientes que va a ser muy difícil que logren su cometido. Es decir, lo que sigue para ustedes es muy probablemente la prisión.
-Si tengo que ir a prisión lo haré con gusto –dijo Antauro.
-Yo opino lo mismo -dijo Ollanta-. Si Antauro  tiene que ir a prisión, lo hará con gusto.
-¿Y sabían que Montesinos se fugó cuando ustedes estaban distrayendo a toda la opinión pública?
-Bueno…

El relato se corta aquí de forma abrupta. Las respuestas que los hermanos dieron a esta pregunta nos las reservamos porque no pudieron ser corroboradas y, sobre todo, porque ya no tenemos más espacio. Además, como es evidente,  nuestra ética periodística nos impide conjeturar o inventar cosas.

Sin embargo, sabemos que tarde o temprano, la verdad llegará, y los juicios por difamación, también.

Publicado en la revista Velaverde Nº88

sábado, 1 de noviembre de 2014

Chuponeo S.A. (Luis Castañeda - Patricia Juárez)



Patricia Juárez: ¿Aló? Por aquí Patty. ¿Por allá?

Luis Castañeda: No, por acá no.

PJ: ¿Lucho? ¿Eres tú?

LC: Sí, soy yo. Mira, te llamaba porque quería saber cómo andan nuestras gestiones. Hay que aprovechar que todo el mundo está con la mirada puesta en el caso López Meneses. A ver, dime, ¿cómo va la transferencia bancaria?

PJ: ¿Bancaria? Seguro te refieres a la transferencia de mando.

LC: Ah sí, claro, a eso me refiero.

PJ: La verdad es que no he coordinado nada todavía. Pensé que lo ibas a ver tú.

LC: No, yo estoy viendo la conformación de nuestra banda.

PJ: ¿Banda? Te refieres a nuestro equipo.

LC: Ah sí, Patty, a eso me refiero.

PJ: ¿Y qué hay de Cornejo? ¿De verdad lo vas a invitar a que se nos una?

LC: No creo, ya somos muchos para la repartija.

PJ: ¿Repartija? Seguro te refieres a la repartición de los cargos.

LC: Ah sí, Patty…

PJ: Sí, Lucho, ya sé que te refieres a eso, pero ten cuidado. No vaya a ser que alguien nos esté escuchando.

LC: Bueno, ahora te dejo. Tengo una reunión para ver cómo frenamos la reforma del transporte. La gente extraña la velocidad y el espíritu competitivo de nuestros amigos transportistas.

PJ: Entonces vas a ver el tema del nuevo corredor Orión.

LC: ¿Orión? No, Patty, seguro te refieres al nuevo corredor rojo.

PJ: Sí, Lucho, claro, a eso me refiero.

Publicado en El Otorongo (Peru21 - 31.10.2014) 


lunes, 27 de octubre de 2014

Los cuentos de López Meneses

Por razones que no vienen al caso, es decir, que desconozco,  el ser humano promedio  prefiere renunciar a esa tarea tan engorrosa que es el razonar.  Así, es más práctico alejarse del ejercicio deductivo e instalarse en los cómodos dominios del prejuicio. Pero, ¿acaso siempre el  prejuicio es malo?  Yo, de antemano, digo que no.

Sin embargo, por estos días el ciudadano Oscar López Meneses viene denunciando que es víctima de un linchamiento mediático, una suerte de prejuicio en masa en contra suya, por el hecho casi anecdótico de haber sido operador de la mafia fujimontesinista y tener, en tiempos de Humala, el 50% de los patrulleros de la Policía resguardando su casa.

Evitando caer en el prejuicio, buscamos esta semana a López Meneses, no por los cuestionamientos que se le hacen, sino para conocer su lado creativo, un aspecto casi desconocido de su vida, incluso para él.



López Meneses publicó el año pasado, bajo el sello editorial “La Oveja Negra”, su primer –y felizmente- único libro de narrativa breve llamado “Puro cuento”. El libro -de tapa y cara dura- consta de 10 narraciones donde el autor recrea, de manera vívida, las aventuras de un entrañable asesor político llamado el “Doc” y sus relaciones con diferentes políticos.

Para hablar de su rol de escritor y de otros temas, pero sobre todo de otros temas, decidimos conversar con López Meneses. El polémico personaje nos recibió en su ahora apacible residencia de Surco.

“Pasaba seguido por aquí y al ver toda la parafernalia de seguridad me preguntaba qué alto funcionario del  gobierno vivía aquí”, le dije, buscando su reacción. “Yo me preguntaba lo mismo”, me dice sonriendo.

En la sala, dos inmensos cuadros abstractos cuelgan sobre las paredes cremas.  En la pequeña sala contigua hay una foto enmarcada donde López Meneses posa con varios dirigentes del fujimorismo.

-Mira –me dice- esos son ahora los que más me critican.

Viendo que él mismo quería hablar de política le seguí la conversación.

-¿Cómo llegó hasta el Congreso? –le pregunto.
-Bueno, no fue fácil. En esa época el tráfico por Abancay estaba peor.
-No –le digo-, te preguntaba quién lo llevó a que trabaje ahí, al mundo de la política. Hasta donde recuerdo usted había estudiado odontología.
-Así es.
-¿Y entonces no pensaba relacionarse con la política?
-No, yo quería ser un hombre de bien.
-Pero la política no es mala aunque haya malos políticos.
-Es verdad, pero los que me critican sí son de lo peor. Fíjate que han llegado a decir que la universidad me canceló el título de odontólogo.
-¿Y eso es cierto?
-Sí, claro, pero ese es un tema personal, privado.
-Pero usted dice que también es experto en marketing político y manejo de medios.
-Sí, claro.
-¿Es verdad que estudió en ESAN?
-No, en el SIN.
-¿En el SIN de Montesinos? ¿Y va a negar que es un montesinista?

De pronto, López Meneses parece exaltarse. Sin embargo, respira hondo y se tranquiliza.

-Claro que lo niego. Soy fujimontesinista.
-Pero ahora el fujimorismo lo trata de lejos, como si se hubiera olvidado que usted trabajó con ellos. Hablemos de eso, ¿cómo llega a la bancada fujimorista?
-Todo empezó cuando me enamoré.
-De la hija del entonces general Malca.
-Exacto.
-¿Y qué pensó cuando descubrió que Malca era íntimo de la mafia fujimontesinista?
-Pena
-Por no haber tenido suerte con tu suegro
-No, por no haberlo conocido antes.

López Meneses se frota las manos.

-Mira –me dice-. Mi suegro no es la persona que dice la prensa.
-¿Acaso no es un corrupto, fue socio de Montesinos y por eso se fugó del país?
-Ah, eso sí. Pero él era una muy buena persona con su gente.
-¿Con su familia?
-No, con la mafia.

Mientras el discípulo de Montesinos guarda silencio, me preguntó hasta cuándo querrá hablar de estas cosas y no sobre su libro. Yo, desde luego, no sería quien le cambie el tema.

-Y entonces, él le presentó a Montesinos y a la bancada fujimorista.
-Sí, pero mejor hablemos de una vez sobre mi libro.
-Antes de abordar el tema literario, no puedo dejar de preguntarle por los  patrulleros, portatropas, tanques y demás  que se encontraban frente a su casa. ¿Cómo explicas eso?
-Bueno, eso ya lo explique muchas veces. No es mi culpa que mi casa fuera elegida para el plan piloto del programa Barrio Seguro.
-Pero la oposición dice que la excesiva seguridad que usted tenía era para ocultar un central de chuponeo, para guardar oro ilegal y hasta se ha dicho que Montesinos se reunía aquí con gente del gobierno.

López Meneses sonríe. Mueve la cabeza a los lados. Su mirada se detiene un momento en uno de los grandes cuadros.

-Se han dicho tantas cosas. ¡Para qué vamos a repetirlas! Yo pensé que venías a hablar del libro.
-Desde luego –le digo- pero su libro de cuentos, más allá de las historias que cuenta es también una disección de la insana relación entre la política y la corrupción.
-Ah, sí, sí claro.
-¿Y entonces en verdad conoce a Humala?
-¿Pero no me estabas hablando del libro?

Esta vez el que sonríe soy yo.

-¿En verdad no quiere hablar de Humala y la amistad que usted dice que tienen?
-Yo preferiría ya no hablar de eso.
-Parece que se hubieran amistado.

López Meneses se reacomoda en su silla. Se inclina levemente hacia adelante y se lleva la mano al mentón.

-Yo ya dije lo que tenía que decir. Y ahora ya no voy a hablar más de ese tema. Más bien dime si vamos a conversar sobre mi libro o mejor dejamos esto aquí.



-No se preocupe –le digo- vamos a hablar del libro.
-De acuerdo.
-Me interesa el proceso creativo, la forma en que ha ido construyendo los personajes…
-Tengo fotos mías y de Ollanta.
-Perdón…
-Te digo que tengo fotos.
-Pensé que no quería hablar de eso.
-Pero qué clase de periodista eres. Te estoy dando el titular de tu nota.
-Entonces dice que tiene fotos suyas y de Ollanta.
-Sí, pero en ninguna salimos juntos.

Lo miro y vuelvo a sonreír.

-A ver, señor López Meneses, ahora yo le pido que regresemos a su libro. Es evidente que tiene un gran talento para contar las cosas como si en verdad fueran ciertas.
-¿Se refiere al libro o a las declaraciones que hago a la prensa?
-A sus cuentos.
-Por eso le pregunto, ¿se refiere al libro o las declaraciones que hago a la prensa?

Minutos después, cuando la entrevista termina y estoy por retirarme, López Meneses me sorprende.

-Son 50 soles –me dice.
-¿Me está cobrando por la entrevista?
-No, por el libro.

López Meneses me asegura que “Puro cuento” no se puede encontrar en librerías. Y no porque se haya agotado, sino porque no logró que ninguna librería aceptara exhibirlo. “Ni como donación me lo aceptaron”, me confesó.

-Por eso ahora los vendo personalmente.
-Pero yo pensé que me lo había enviado como cortesía.
-Claro, la cortesía es el envío. El libro no.

Pese a la escasa difusión y nulas ventas de su primera obra, López Meneses me anuncia que el próximo verano debe estar saliendo su primera novela llamada “En busca del resguardo perdido”, donde contará las aventuras de un misterioso operador político a quien llamará “OLM”.

Queda claro entonces que, solo si nos alejamos de los prejuicios, si no nos dejamos llevar por el bombardeo inclemente de la presa que lo critica, podremos darle entonces a López Meneses el lugar que se merece en el mundo de la ficción.

Después de todo, cualquier parecido con la coincidencia es, como sabemos, pura realidad.

Publicado en la revista Velaverde (27.10.2014)


sábado, 25 de octubre de 2014

Chuponeo S.A. (López Meneses y Ollanta Humala)



Oscar López Meneses: Aló Ollanta.

Ollanta Humala: ¿Quién habla?

OLM: Oscar López Meneses.

OH: ¿Y se puede saber para qué me llama?

OLM: Pero Ollanta, ¿qué pasó? ¿Por qué ya no me tuteas?

OH: Casi ni uso el twitter.

OLM: Bueno, no importa, te llamaba porque ya estoy cansado de esta investigación.

OH: ¿Me está grabando?

OLM: Me ofendes, claro que te estoy grabando. Pero es que no puedo evitarlo. Es algo que llevo dentro.

OH: ¿Como una obsesión?

OLM: Como un micrófono más bien. Mira, solo te  que pido que admitas que me conoces.

OH: Lo que usted y los fujimoristas quieren es desestabilizar mi gobierno.

OLM: Ah eso sí, pero aparte quiero que admitas que me conoces.

OH: Yo no trato con montesinistas.

OLM: ¿Y Adrián Villafuerte? Además, no te olvides que lo de Locumba fue el mismo día de la fuga de  Montesinos. A ver, ¿por qué tú y Antauro se levantaron en Locumba?

OH: Porque habíamos dormido ahí. Y sabe algo, ya me cansé de sus acusaciones.

OLM: Está bien, ya voy a colgar. Solo una cosa más. Por favor, dile a Urresti que deje de insultarme. Seguramente en unos días te estoy volviendo a llamar para seguir conversando.

OH: ¿Y cree que voy a hablar con una persona tan impresentable?

OLM: Vamos Ollanta, Urresti no es tan malo.


Publicado en El Otorongo (Peru21 - 24.10.2014)