jueves, 2 de abril de 2020

LA DISTANCIA DEBIDA


Tras varios días de encierro, me dispuse a salir. La misión: comprar un par de cosas que nos faltaban. Me puse el buzo de mil batallas, un polo de color salmón -en gustos y colores…- y un par de sandalias. Estaba a punto de abrir la puerta cuando mi hermana no solo me detiene, sino me recrimina, que cómo se me ocurre salir así, sin la debida protección. Y entonces sacó, no sé de dónde, una mascarilla y un par de guantes de goma. Quise alegar algo, pero no pude ni llegar a la mitad de lo que iba a decir porque mi hermana me dio el mayor de los argumentos: la salud y el cuidado de mi madre. Entonces recobré la razón, me puse la mascarilla, los guantes y si no me embolsé a mí mismo fue porque no encontré ninguna bolsa que diera la talla.
Apenas llegué a la calle, quedé asombrado al ver que una decena de personas estaban deambulando sin el menor cuidado y como si estuviéramos en otro planeta. Respetando siempre el metro de distancia con la gente, caminé hasta el minimarket. Entré con rapidez y sin muchos rodeos cogí el par de cosas que necesitaba. Cuando me acerqué a la caja, quedé espantado: las tres personas que formaban la cola estaban pegadas, pegadísimas, casi adheridas entre sí. Yo, desde luego, me puse un poco más de un metro detrás de ellas.
La última de las tres personas terminó de pagar y entonces iba a acercarme a la caja cuando un señor aparece de la nada, se pone delante de mí y coloca sobre el mostrador sus enormes bolsas. Ignorando totalmente mi presencia, veo que empieza a sacar los productos para que el cajero vaya sumando la cuenta.
- Señor, disculpe, acá había una cola- le digo con amabilidad, a través de la mascarilla.
- Yo no veo ninguna -me dijo apenas volteando medio cuerpo.
- Por eso mismo, le dije que había una cola, no que hay una cola.
El señor dio un suspiro de impaciencia, como quién dice a ver quién me quiere complicar la vida. Luego volteó, se enderezó lo más posible y me miró fijamente. Recién entonces pude ver que era más alto que yo y que su cabeza, demasiada pequeña para su cuerpo, no calzaba con él.
- No le entiendo -me dijo con cara de entenderlo todo.
- Le digo que yo estaba en la cola.
- Cuando vine no había ninguna cola, por eso me puse aquí.
- Yo estaba detrás de la persona que se fue.
- No, no estabas.
- Señor, yo estaba detrás.
- Yo no vi a nadie.
- Porque estaba a un metro de ella.
- ¿Estabas a un metro?
- Sí
- Entonces no estabas en la cola.
Moví la cabeza de un lado a otro, entre indignado y confundido por lo ilógico de su lógica. El señor aprovechó para dar por concluido nuestro breve y acaso inútil intercambio de palabras. Luego, como si nada hubiera pasado, continuó sacando las cosas de sus bolsas.
- Oiga señor -le dije ya en un tono un poco más alto. Al menos sentí vibrar la mascarilla.
El señor acuso recibo y volteó a verme, esta vez creo que ya sin el más mínimo ánimo de dialogar.
- ¿Qué pasa?
- Lo que usted hace no es justo. Además, yo solo tengo un par de cosas que pagar.
- Mire, mientras más me habla, más me voy a demorar.
Entonces le solté una frase que había escuchado antes, pero que nunca había utilizado. Sin embargo, aquel pareció el momento justo para lanzarla.
- ¡Por eso estamos cómo estamos!
Pero el señor ni se inmutó. El que tampoco se inmutó fue el cajero que ya estaba pasando los productos por la lectora de códigos de barra. Es decir, todo indicaba que yo iba a salir perdiendo. Y, lo admito, ante tal circunstancia, ante tan adversa coyuntura, recurrí a lo más bajo, a lo más pedestre, a lo más reptiliano, recurrí al improperio, a la diatriba, al insulto duro y puro.
- ¡Candelejón! -le solté, sin más.
Vi que la cabeza del señor se levantó y otra vez dejó de sacar de sus bolsas lo que iba a comprar. Entonces volteó a verme.
- ¿Qué me ha dicho?
Yo, que ya andaba envalentonado, y que me sentía medio malhechor con la mascarilla y los guantes puestos, se lo volví a decir, sin miramientos.
- ¡Candejelón!
- ¿Y qué mierda es eso?
- ¿No sabe qué significa?
- No, no sé.
- ¿Y a qué le suena?
- Carajo, ¿qué significa?
- ¡Huevón!
El señor frunció el ceño y apretó los puños. Luego movió su cabeza hacia adelante, afirmativamente, como si estuviera respondiendo alguna pregunta. En ese instante comprendí que si yo había derramado lisura, el señor quería derramar sangre. Y no precisamente la de él. Yo me planté firme e incluso me atreví a dar medio paso adelante. Entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. El señor empezó a caminar hacia mí dispuesto a todo. Yo dejé en el suelo el par de cosas que iba comprar, di un suspiro bajo la mascarilla y me reacomodé los guantes de goma. De pronto, por segunda vez en el día, recobré la razón.
- Quédese ahí -le dije al tiempo que yo retrocedía. -El metro.
- ¿Qué metro?
- El metro, la distancia social.
- La distancia social -repitió mecánicamente, como recordando alguna vieja lección.
- Y usted ni siquiera tiene mascarilla.
- Ah, claro, la distancia social, el metro, ya le entiendo – dijo y se detuvo.
- ¿No ha visto las noticias?
- Sí, sí, claro -dijo bajando la guardia y relajando los hombros.
Durante un par de segundos ambos nos quedamos en silencio e inmóviles. Luego el señor dirigió su mirada al par de cosas que yo había dejado en el suelo.
- ¿Sabe qué? Pague usted primero.
- ¿En serio?
- Sí, en serio.
No sé exactamente qué pasó. Quizá comprendió que ya bastante problemas teníamos como para sumar uno más, o quizá entendió que más rápido era dejarme pagar de una buena vez el par de cosas que iba a comprar. Lo cierto es que cedió. Y, aunque le agradecí, no pude evitar pedirle que, antes de acercarme, por favor, se apartara de la caja y tomara la distancia debida, o sea, literalmente, de vida. El señor respiró profundo, me miró y, en efecto, se alejó uno, dos, hasta tres pasos. Entonces, por fin, aliviado y con una discreta sonrisa de satisfacción, caminé hasta la caja. Pero de pronto, en ese momento, estando ya a punto de pagar, y ante la sorpresa del señor, del cajero y de mí mismo, no lo hice. No diré que recobré la razón por tercera vez en el día, pero me di cuenta de que, en verdad, lo mejor era dejar que el señor termine de pagar, total ya había empezado a hacerlo.
Y así, mientras el cajero retomaba la lectura de los códigos de barra y el señor terminaba de descargar sus bolsas, yo, como quién no quiere la cosa, devolví el par de cosas que ya no iba a comprar y discretamente salí del minimarket. Y aunque sé que eso le puede pasar a cualquiera, no pude menos que sentirme algo avergonzado y bastante candelejón porque, después de tanto cuidado y tanta tensión, había dejado el dinero olvidado en casa, a mucho más de un metro de ahí.

sábado, 21 de marzo de 2020

CHUPONEO S.A. (Toledo - Benítez)



Alejandro Toledo: Aló, Heriberto.
Heriberto Benítez: Alejandro, ¿y ese milagro?
AT: Heriberto, necesito un consejo. Estoy dudando qué camino seguir.
HB: ¿Ya le consultaste al Waze?
AT: No me entiendes, Heriberto. Lo que pasa es que hay una decisión que tengo que tomar.
HB: Tú con tal de tomar…
AT: Mira, quiero aprovechar lo del coronavirus para que me den libertad bajo fianza. ¿Qué opinas?
HB: La verdad yo estoy más preocupado por la Fiscalía. Me quiere dar 30 años por el caso de “La Centralita”.
AT: ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
HB: Nada, solo te estoy contando que yo también soy un perseguido político.
AT: Mira Heriberto, si tú eres un perseguido político yo soy abstemio.
HB: Pero Alejandro, te aseguro que soy inocente.
AT: ¿Y? Mejor dejemos de perder el tiempo y hablemos de lo importante, o sea de mí.
HB: A ver, quieres mi consejo, ¿no?
AT: Exacto. ¿Qué dices? ¿Con esto del coronavirus crees que tengo posibilidad de salir?
HB: ¿De salir positivo? Sí, de todas maneras.
AT: Ya pues Heriberto. Yo quiero saber si podré salir de la cárcel.
HB: ¿Y no te da vergüenza utilizar el Covid-19?
AT: No conozco esa palabra.
HB: ¿Covid-19?
AT: No, vergüenza.  

Fuente: Peru21 (El Otorongo)

viernes, 6 de marzo de 2020

CHUPONEO S.A. (Keiko-Mark)


Mark Vito: Aló Keiko, sigues ahí, ¿no?
Keiko Fujimori: Claro Mark, ¡a dónde más voy a estar!
MV: Perdona, es que estoy nervioso. Te llamo porque me voy a declarar…
KF: Ay Mark. Me vas a declarar otra vez tu amor?  
MV: No, me voy a declarar a la Fiscalía. Me han citado para que les cuente en detalle todo lo relacionado a mi trabajo.
KF: Ah, entonces vas y vienes.
MV: Pero no entiendo por qué me llaman a mí.
KF: Es que quieren saber cómo sustentamos los gastos de la casa.
MV: Por eso. ¿Por qué me llaman a mí?
KF: Dime Mark, ¿y la huelga de hambre que hiciste? ¿No quieres repetirla? Acuérdate que funcionó muy bien.
MV: Ni tanto. En realidad engordé un par de kilos.
KF: Digo que funcionó porque salí en libertad. Lástima que me volvieron a encerrar. Qué lindo fue que acamparas aquí cerca. ¿Esta vez no vas a acampar?
MV: Sí, pero en la playa. Allá hay mejor ambiente.
KF: Mark, ¿y hay alguna novedad sobre mi caso?
MV: Sí, creo que es algo bueno. Parece que tu caso ya no existe.
KF: ¿Cómo así?
MV: Le pregunté a la abogada sobre ti.
KF: ¿Y qué te dijo?
MV: Me dijo: Mark, no hay caso.


Fuente: El Otorongo (Peru21)

viernes, 21 de febrero de 2020

CHUPONEO S.A. (Humala-Pedraza)



Ollanta Humala: Aló, Wilfredo. Ya salió a la luz lo de las coimas. ¿Tú qué dices? Con esto ya estamos fregados, ¿no?
Wilfredo Pedraza: No, Ollanta.
OH: ¿En serio?
WP: Claro, ustedes ya estaban fregados desde antes.
OH: Vamos Wilfredo, te hablo en serio.
WP: A ver, dicen que has recibido en total 17 millones de dólares.
OH: Exacto.
WP: Sin duda esta información va a hacer que las cosas cambien.
OH: ¿Te refieres a nuestra situación judicial?
WP: No, me refiero a mis honorarios.
OH: Wilfredo, por eso no te preocupes. Tú solo concéntrate en cómo sacarnos de aquí.
WP: ¿Sacarlos del país? ¿Y si te pido un Uber?
OH: Vamos Wilfredo, me refiero a que nos saques de este momento tan complicado.
WP: No será fácil.
OH: Tú sabes que yo confío plenamente en ti.
WP: ¿Y Nadine?
OH: Está bien, gracias.
WP: Me parece o Nadine no confía en mi capacidad como abogado.
OH: Te equivocas, Wilfredo. Ella no confía en tu capacidad en general.
WP: Bueno, no importa. Yo te aseguro que tú y Nadine tendrán la mejor defensa posible.
OH: Gracias. ¿Y a quién nos vas a recomendar?

Fuente: El Otorongo (Peru21)

DIPLOMADO DE POLÍTICA-FICCIÓN




Modulo I
Cambios ministeriales
Los estudiantes harán las veces de Premier y empezarán a destituir ministros que hayan tenido alguna relación con Odebrecht. Luego, sin que se les mueva un pelo, tendrán que afirmar que en realidad la destitución fue por cualquier otro motivo. Aquellos que además sean capaces de decir que no hay crisis ministerial obtendrán puntos extras. Nota: el fajín no viene incluido.

Modulo II
Odebrecht: ¿mito o realidad?
Los estudiantes entenderán que en política la realidad es tan maleable como una plastilina moqueguana. Entonces, con el fondo de una samba en versión chill out, entrarán en trance y olvidarán todo sobre la empresa brasileña. Aquellos que salgan de clase pensando que Odebrecht es una marca alemana de embutidos serán debidamente aceitados. Nota: cada alumno deberá elegir su propio codinome.

Fuente: El Otorongo (Peru21)


viernes, 14 de febrero de 2020

FISCALÍA PIDE QUE INTERROGATORIOS A ODEBRECHT SEAN EN EL PERÚ

Tras denuncia contra el Estado, el lugar adecuado sería la Concha Acústica


Luego de hacerse público que Odebrecht demandó al Perú por 1200 millones de dólares ante el CIADI, el fiscal Rafael Vela solicitó que los interrogatorios a sus exfuncionarios se realicen en nuestro país, en particular en la Concha Acústica del Campo de Marte. El fiscal, por tanto, explicó que "las generosas dimensiones cóncavas del recinto se ajustan plenamente al tamaño del cuajo de la empresa -literalmente- en cuestión".

Sobre la demanda, Vela sostuvo que ha sido una absoluta sorpresa para su equipo, la procuraduría y el gobierno.  “Sabíamos que estábamos tratando con  delincuentes, coimeros y corruptos, pero quién iba a pensar que además eran cínicos. Esto es demasiado”, precisó.

Finalmente, Vela pidió calma a la población. En tal sentido, sostuvo que las posibilidades de que Odebrecht gane la demanda son las mismas que tiene Mijael Garrido Lecca de presidir el Congreso; claro, en la vida real.

#lanoticiaimposible

Fuente: El Otorongo (Peru21)

viernes, 7 de febrero de 2020

CHUPONEO S.A. (Toledo-Benítez)


Alejandro  Toledo: Aló, Heriberto. 
Heriberto Benítez: Alejandro, qué gusto me da escucharte. ¿Alguna novedad sobre mis honorarios?
AT: Qué mal, Heriberto. Hablas como si no quisiera pagarte. ¿Acaso Eliane no te llama siempre para coordinar lo de tu pago?
HB: Para coordinar sí, pero para pagar nunca.
AT: Heriberto, no es un buen momento.
HB: Pero ¿cuándo entonces? Siempre que te llamo una voz muy parecida a la tuya me dice: “Toledo no está, ¡carajo!”.
AT: No es mi culpa que me llames cuando no estoy.
HB: Pero Alejandro, estás encarcelado, ¿adónde vas a ir?
AT: Heriberto, vayamos a lo importante. Te llamo porque necesito una nueva estrategia para pedir mi libertad.
HB: A ver, ya tratamos de decir que eras un perseguido político y que eras más pobre que el Chavo. Bueno, solo nos queda una cosa.
AT: Dime, Heriberto. Haré lo que sea.
HB: Tenemos que apelar a lo mental. O sea, vas a perder el juicio.
AT: Bueno, contigo de abogado...
HB: No, Alejandro. Me refiero a que el juez debe pensar que estás loco.
AT: Pero Heriberto, ¿cómo lo voy a convencer de que soy una persona disparatada, imprudente y que no pienso en las consecuencias de mis actos?
HB: Sí, pues, no me imagino cómo.

Fuente: El Otorongo (Peru21)