miércoles, 30 de julio de 2014

El (verdadero) mensaje de Humala

Señores congresistas, señoras congresistas, Carlos Bruce; señores ministros y ministras, compatriotas todos.

Hace tres años, en este mismo lugar, a esta misma hora y por este mismo canal, iniciamos nuestro gobierno. Hoy vengo a contarles todo lo que hemos hecho con el mandato que el pueblo nos dio, bueno, no todo.



Fortaleza económica
Durante los últimos meses se ha hablado de problemas en la conducción de las cuentas nacionales, pero déjenme decirles que nuestra economía está más sólida que nunca, al menos la mía y de Nadine. Además, en cuanto al país, ha terminado el enfriamiento de la economía, como lo ratifican sendos informes del Ministerio de Economía y del Senamhi.

Inclusión y lucha contra la pobreza
Me satisface anunciar que en lo que va de nuestro gobierno la pobreza se ha reducido en forma dramática, es decir, igual sigue siendo un drama. De acuerdo a cifras del INEI, la mayoría de pobres no puede comprar los productos de la canasta familiar; otros ni siquiera pueden comprar la canasta. Para aliviar esta realidad existen nuestros programas sociales. Al respecto, cabe recordar que quienes dejen de asistir al programa “Hambre Cero” pasarán inmediatamente al programa “Hace Hambre”.

Lucha contra la corrupción
Hemos sido implacables contra los corruptos, contra los corruptos del gobierno pasado. Sin duda la encarcelación de casi todos los presidentes regionales es una realidad de la que no podemos desentendernos. En ese sentido, vamos a cambiar el código penal a fin de que, como medida de prevención, el Poder Judicial encarcele de una vez a todos los candidatos regionales. En estas cosas no hay que arriesgarse.

Sistema previsional
Nuestro gobierno no es ajeno a la realidad de los miles de trabajadores independientes del país. Se ha hablado mucho de los aportes a las AFPs, pero no todas las críticas son ciertas. No es cierto que los aportantes morirán sin poder usar el 30% de su fondo de pensiones, por lo general es el 40%. Quienes sí podrán cobrar todo son aquellos que lleguen a los 110 años, aunque a esa edad quizá ya no se acuerden que tienen un fondo. Y, si bien es cierto que no se sabe si los aportantes podrán cobrar su fondo antes de morir, es un hecho que no lo harán después. De lo que no hay duda es que las AFPs, en el fondo, son buenas.

Seguridad ciudadana
La inseguridad es una de las principales preocupaciones que tienen los ciudadanos. Sin embargo, creemos que se trata más bien de un tema de percepción. De acuerdo a cifras oficiales del año pasado, un peruano es asaltado alrededor de tres veces al día. ¿Eso es inseguridad ciudadana? No, eso es mala suerte. Según las últimas cifras del Ministerio del Interior, y gracias a los operativos liderados por Urresti, debo anunciar que todos y cada uno de los delincuentes del país ya han sido capturados, por lo tanto la delincuencia acaba de desaparecer. Celebramos jubilosos esta noticia y felicito efusivamente al Ministro y a toda la Policía Nacional. Todos sus efectivos serán ascendidos, condecorados y, dada la nueva coyuntura, despedidos.

Derechos humanos
Nuestro gobierno es un firme defensor de los derechos humanos y nacionalistas. Se nos ha criticado injustamente por la presencia del Ministro del Interior, a quien, descalifican pero, en abierta contradicción, acusan de homicidio calificado. En democracia prevalece el derecho a la presunción de la inocencia. Que Urresti haya sido capitán, que su sobrenombre haya sido  Arturo, no quiere decir que haya sido el capitán Arturo.

Sistema educativo
En cuanto a nuestros docentes, se cancela la entrega de las “Palmas Magisteriales” por considerarlas poco democráticas; desde este año, en cambio, en ceremonia masiva, el Ministro de Educación les dará en la espalda a todos los profesores las “Palmadas Magisteriales”, como muestra inequívoca del apoyo gubernamental. Asimismo, se sacó adelante la Ley Universitaria. Esta ley  era fundamental para el futuro de la educación, de la juventud peruana, pero, sobre todo, para el futuro del congresista Mora. Inicialmente se había propuesto que en lugar de disolver la Asociación Nacional de Rectores, se disuelva  directamente a los rectores, pero la idea perdió consenso.
Reforma del Estado
La reforma del Estado es un asunto de vital importancia para el futuro de nuestra nación. Es un tema delicado que necesita hacerse de manera inteligente y profesional. En consecuencia, pensando en el país, hemos decidido dejar esto al próximo gobierno.

Finalmente, anhelamos que el Perú llegue al bicentenario de su independencia con un pueblo próspero y, de preferencia, conmigo en libertad. Me despido reiterando mi aspiración a una patria inclusiva y ratifico ante ustedes mi admiración y mi amor por el Perú, y por Nadine.

Muchas gracias.

Publicado en la revista Velaverde Nº74

lunes, 21 de julio de 2014

Una visita a Urresti

Estoy en la antesala del despacho del Ministro del Interior, esperándolo. Urresti me había aceptado una entrevista.

-¿Aquí? ¿El Ministro? ¿En el despacho? –me dijo la secretaria.

-Sí, claro.

Dio un suspiro y me miró como quien ve a un niño esperando a Papa Noel.

-Claro, claro –luego me señaló una silla, pero luego me indicó otra- mejor siéntate en esa que tiene respaldar. Me lo vas a agradecer.

Me senté y pude ver que en el lugar había una secretaria, un asistente y dos policías.

-Perdona –le dije a la secretaria-. ¿El Ministro para mucho fuera del ministerio?

-Bueno, mira, al Ministro lo veo todos los días.

-¿Ah sí?

-Sí, pero en la tele. Aquí solo ha venido una vez. El día que asumió el mando.

De pronto, otro asistente ingresa al lugar. Tenía el rostro lívido y demoró un par de segundos antes de abrir la boca.

-Ahí viene.

-No puede ser –dijo un asistente.

-¿Qué pasa? –preguntó la secretaria.

-Ahí viene el ministro.

-¿El ministro de qué?

-Urresti, ahí viene –respondió el asistente-.

-¿Tú crees que venga a hacer algún operativo? –preguntó uno de los policías, mientras se acomodaba el quepí.

Entre curioso y divertido, vi cómo todos empezaron a caminar de una lado a otro, con papeles en ristre y haciendo repentinas llamadas telefónicas. Entonces, de repente aparece Urresti en el marco de la puerta. Todos quedan expectantes, casi contendiendo la respiración. Los dos policías se cuadran frente a él, como si estuvieran delante de la bandera.

-Tú –me dijo-. Pasa al despacho.


La secretaria me guió hasta el despacho. Ahí Urresti me saludó y me pidió que me sentara.


-Bueno, vayamos a lo nuestro -me dijo Urresti-. ¿Dónde está Belaúnde Lossio?

-¿Belaúnde Lossio? ¿El prófugo?

-El mismo, el que financió a Humala, el socio de Álvarez, el que ha sido pareja de la asesora de prensa de Nadine, el sobrino de Castañeda. Vamos, tú sabes a quién me refiero.

-¿Y por qué me pregunta eso?

Urresti enmudeció. Luego hizo un gesto de disgusto.

-¿Tú no me llamaste y me dijiste que si venía a mi despacho me darías el dato?

-No, se ha equivocado. Yo vengo a hacerle una entrevista.

-¿Una entrevista? Mira, retírate por favor que estoy esperando a otra persona.

-La persona que le dirá dónde está Belaúnde Lossio.

-¿Cuál Belaúnde Lossio?

- El que financió a Humala, el socio de Álvarez, el que ha sido pareja de… Vamos, Ministro, usted sabe a quién me refiero.

Urresti asintió con la cabeza.

-Bueno –me dijo-. Ya, ¿quieres una entrevista? Es tu día de suerte. Ya, habla, pregunta, pero solo tiene 5 minutos.

-¿5 minutos?

-Ahora tienes 4 minutos y 50 segundos –me dijo mirando su reloj.

-Está bien. Hablemos de Belaúnde Lossio entonces. ¿Por qué sigue prófugo?

-Porque todavía no se le ha capturado. Siguiente pregunta.

-Pero Ministro, vamos, pareciera que no quieren encontrarlo.

-Al contrario, queremos encontrarlo para que no hable.

-¿Cómo?

-Quiero decir para que no hable mal de gente inocente.

-¿Como Humala por ejemplo?

-Eso sí no te permito. El mismo presidente me dijo que Belaúnde Lossio quiere involucrarlo y que por eso es prioridad que lo encuentre.

-Por eso, para silenciarlo.

-En absoluto. Mi principal gol será capturar a Belaúnde Lossio.

-¿Su principal? ¿Qué otros goles ha metido? Orellana sigue prófugo, ¿no?

-Eso es cuestión de tiempo nomás. He formado la DGBO, la Dirección General de Búsqueda de Orellana. Ya hemos asignado personas a esta nueva dirección y les hemos subido el sueldo como incentivo.

-¿Y cómo va la búsqueda?

-No tan bien cómo esperaba -me dijo Urresti-. Desde que comprendieron que apenas capturen a Orellana la dirección desaparece, no están cooperando mucho.

-¿Y por qué no hace algo similar en el caso de Belaúnde Lossio?

-¿Crear una dirección solo para que busque a un prófugo? Eso es absurdo.

-Bueno, hablemos de la seguridad ciudadana. Según cifras oficiales del INEI los delitos siguen aumentando en el país.

- ¿Y el INEI qué sabe de seguridad ciudadana?

-Pero si hace dos semanas usted mismo citó al INEI cuando las cifras parecían favorecerlo. ¿Qué dice frente a eso?

-Que se acabó el tiempo.

-Pero si han pasado apenas dos minutos.

-Por favor…-me dijo mostrándome la salida.

Me puse de pie y caminé hasta la puerta. Antes de salir volteé a ver a Urresti.

-Ministro, off the record, dígame, ¿en verdad cree que no se va a saber lo que hizo en Ayacucho?

-No creo.

-¿No cree?

-No creo en el off the record.


Publicado en la revista Velaverde Nº73

martes, 15 de julio de 2014

Yo (casi) maté a Hitler

El arqueólogo y explorador doctor Jones de la Universidad de Indiana me citó con carácter de urgencia en su oficina. Ahí me entregó su más reciente hallazgo: una carta que dará nuevas luces sobre la participación del Perú en la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, este hecho le dará un nuevo protagonismo a nuestro país en los libros de historia y en History Channel.



Aquí la transcripción de la misiva:

En marzo de 1943, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas me llamó para asignarme una misión secreta: viajar a la Gestapo, introducirme en Hitler y matar a Alemania. Bueno, hay que ajustar algunos detalles, pero la idea era esa. Acepté de inmediato el reto, por mi patria, por la paz mundial y porque tampoco tenía planeado nada para el fin de semana.

El jefe del comando me felicitó; encomió mi valentía y me aseguró que tenía una cita impostergable con la historia. Le agradecí, pero le dije que debía irme cuanto antes porque en verdad la cita impostergable la tenía con el dentista.

Apenas llegué a la Alemania nazi, me dirigí al local de la Gestapo. Pasé dos días enteros caminando en los alrededores, estudiando los horarios de entrada y de salida. Tenía que haber alguna forma de entrar. Al tercer día seguí caminado en los alrededores, pero ya algo desanimado porque no sabía cómo lograr el ingreso. Entonces sucedió. Pude entrar de la manera más imprevista: me arrestaron por conducta sospechosa.

La misión ya estaba en marcha. Me metieron en una especie de gran jaula, parecía de esas de pajaritos, por la forma de los barrotes y por el alpiste en el suelo. En seguida pedí audiencia con el mismísimo Hitler. Entonces aparecieron dos tipos. Uno era el encargado de Relaciones Públicas de la Gestapo llamado Gregor Strasser; y el otro, no.

Insistí en que debía ver al Führer pues tenía una información valiosa que darle. Strasser me dijo cortésmente que por el momento Hitler no podría atenderme, pero que mientras tanto estaba muy interesado en averiguar cuántos voltios podía resistir mi cuerpo. Por suerte, las sesiones de electricidad no duraron demasiado. El último recibo de luz enfureció al Führer, me confesó Strasser.

Una noche, en forma inesperada, aparecieron los asistentes de Strasser. Me encapucharon, me subieron a un coche y partimos. Cuando llegamos, me sacaron a rastras hasta una habitación. Solo entonces me sacaron la capucha.

Fue increíble. Frente a mí estaba el objetivo mismo de mi misión. No había forma de no reconocerlo. Tenía un bigote recortado a los lados, una mirada siniestra y un gafete en su uniforme que decía: Hitler. El hombre más odiado en todo el mundo  se encontraba frente a mí. Entonces se acercó y me pidió que le dijera eso tan importante que tenía que decirle. Vi que en el lugar solo estábamos los dos y comprendí que ese era el momento, la oportunidad que Churchill, Roosevelt y yo habíamos estado esperando. En Perú, antes de partir –después hubiera sido muy complicado- me entregaron un arma pequeña que ahora estaba oculta y atada a mi tobillo. Era muy artesanal y solo podía dispararse una vez. Estando a un metro de él, saque el arma. El Führer, furioso, empezó a gritarme y llamó a su seguridad. En seguida, entró un soldado, con la novedad que los miembros de la seguridad estaban jugando fulbito contra la seguridad de Mussolini. Hitler estaba molestísimo porque nadie le había informado nada y, sobre todo, porque estaban perdiendo.

Entonces, en medio de la confusión, disparé.

Lo que siguió fueron sucesos que apenas alcanzo a recordar. Un grupo de soldados en shorts ingresó y me golpeó sin cesar y sin César, que era el jefe de la seguridad. Luego sentí que me metieron en un auto y me encapucharon y me llevaron otra vez a la Gestapo.

Estoy a punto de morir, me queda la duda si logré o no asesinar a Hitler; debí haberle disparado en la cabeza, pero ese bigote recortado me distrajo. En cualquier momento, los asistentes de Strassen vendrán por mí y será el fin. Si alguna vez se encuentra este texto, quiero decirle a mi familia que me recuerden con alegría y que por favor no lloren por mí; claro que si lloran tampoco es que me vaya a molestar. Y a mis acreedores les dejo este mensaje: ja-ja-ja.

Publicado en la revista Velaverde Nº72

lunes, 7 de julio de 2014

Urresti y el operativo teflón

En un local de la Policía Nacional, un enjambre de periodistas está esperando los descargos del Ministro del Interior. De pronto, Urresti apareció rodeado de policías.


-Buenas noches señores.


-Señor Ministro. ¿Qué tiene que decir sobre…?

-Momento señores –dijo Urresti-. Empecemos con lo importante. Voy a darles cuenta de lo que hemos encontrado en este nuevo operativo que hemos hecho en San Jacinto.

-Pero señor Ministro, el caso del…

-Ustedes escuchen primero. Voy a decirles lo que hemos encontrado. Apunten. Un motor de camión, dos guanteras, un espejo retrovisor con la serie cambiada, un palanca de cambios y tres llantas, una con cámara. De esta manera le hemos dado un duro golpe a los que descuartizan carros.

-Señor Ministro, ¿es verdad que lo están investigando…?

-Momentito señores, a ver, como en San Jacinto, vamos por partes. Déjenme primero que termine de darle los resultados de los operativos de hoy.

Un murmullo se escuchó entre los periodistas.

-Entonces, iba diciendo, después de este operativo, recibimos otra denuncia y en el acto, porque así hay que actuar, nos apersonamos al lugar. Entonces, resultó que ese local era un negocio encargado de organizar eventos. Afortunadamente los encontramos en el momento mismo que estaban descargando unos manteles de una camioneta, por lo que los detuvimos en el acto y cerramos el local.

-¿Y por qué motivo?

-Pero está claro, por desmantelar camionetas. También decomisamos cinco toldos, 200 vasitos chinos y 100 servilletas de Batman.

-Señor Ministro, el caso del periodista…

-Pero ya les he dicho, déjenme terminar primero con las cosas importantes –dijo Urresti, con voz firme-. El país tiene que saber que estamos en una lucha frontal contra la seguridad ciudadana.

-¿No será contra la inseguridad ciudadana?

-No me distraigan por favor. Ahora escuchen. Luego hicimos un operativo en Las Malvinas y encontramos todo tipo de cosas usadas, algunas a muy buen precio.  Y eso no es nada…

-¿Qué pasó? ¿Encontraron más cosas?

-No, solo digo que eso no es nada.

Los micrófonos, luces y cámaras se acercaban cada vez más a Urresti.

-Bueno, ya, está bien. Ahora sí. Tienen toda la libertad de preguntar. Eso sí, el tema está judicializado, así que no puedo responder nada de lo que pregunten.

Los reclamos se entremezclaban y ninguna frase limpia llegó hasta Urresti.

-Bueno, ya,  está bien. Hablaré. Que conste que me estoy arriesgando por ustedes. La cosa es así. A mí se me inculpa por un crimen que no he cometido. Y todo porque un testigo me acusa.

-Son cuatro, señor Ministro. Son cuatro testigos. ¿Qué tiene que decir al respecto?

-El tema está judicializado, así que no puedo responder.

-Pero díganos, ¿el presidente Humala sabía?

-El capitán Carlos, perdón, el presidente Humala sí sabía que se me estaba investigando, pero  creyó en mi inocencia.

-¿Así nomás creyó en usted?

-No, claro que no, tuve que darle mi versión de los hechos. La verdad es que por un momento pareció dudar, pero lo convencí con lo último que le dije.

-¿Y qué le dijo?

-Soy inocente.

-¿Eso nada más?

-Es más que suficiente. Además el presidente es un buen juez. Un juez justo.

-Pero señor Ministro, al final la verdad siempre sale a la luz.

-Lo sé, pero mientras tanto apelo a la presunción de inocencia.

-¿Y qué les diría a quienes piensan que usted no ha respetado ni respetará los derechos humanos?

-Les digo que no me van a distraer de mi lucha contra la delincuencia. Todos los días saldré a cazar delincuentes. Vamos a encontrarlos y apresarlos, y voy a ordenar que les rompan la cara, que los agarren a golpes, a patadas y a palazos.

-¿Y si descubre que son inocentes?

-Bueno, en ese caso ordeno que los dejen de golpear. No voy a permitir ningún abuso.

-Pero ¿y la presunción de la inocencia de la que hablaba?

Urresti enmudece.

-Les repito que no me van a distraer, ni a detener. Quiero decirle a la ciudadanía que no descansaré ni un minuto en mi lucha contra la delincuencia.

-¿Pero es consciente que su permanencia en el cargo es contraproducente para el gobierno?

-Yo soy hombre de acción. No me voy a detener en cálculos políticos.

-¿Entonces definitivamente no piensa renunciar?

-No –dijo Urresti-. No pienso.

Publicado en la revista Velaverde N°71

miércoles, 2 de julio de 2014

Urresti en la calle

En Palacio de Gobierno, el presidente Humala y la primera dama están revisando  hojas de vida de posibles candidatos para el Ministerio del Interior.

-Este me parece el más indicado –dijo Humala acercándole el folder a Nadine-. Tiene coraje y determinación.

-Vamos Ollanta, otra vez con lo mismo –dijo Nadine moviendo la cabeza-. Cada vez que hay cambios en el gabinete me enseñas el currículum de  Antauro.

Humala se encogió de hombros.

-¿Y entonces?

-Estaba pensando si le damos la oportunidad a Urresti –dijo Nadine.

-¿Urresti?



-Sí, ha hecho una gran labor en la lucha contra la minería ilegal.

-En realidad mejor le ha ido en la lucha contra la formalización.

Nadine lo miró extrañada.

-Así es –continuó Humala-. La formalización de los mineros ilegales ha sido un fracaso.

-Igual sigue siendo mejor candidato que tu hermano.

-Olvídate de Antauro. Quiero al menos por una vez tomar en serio la lucha contra la inseguridad ciudadana.  Mira, elaboré una lista de personas idóneas para el cargo.

-Muy bien –dijo Nadine-. Hagamos las cosas bien entonces. ¿Es gente respetable?

-Totalmente.

-¿Gente que sabe de temas de seguridad?

-Desde luego.

-¿Gente independiente?

-Sin duda alguna.

-¿Y esta gente trabajaría con nosotros?

-De ninguna manera.

Nadine dio un suspiro.

-Bueno –dijo Humala-. Urresti no suena mal después de todo.

Dos horas después, en otro ambiente de Palacio de Gobierno, Urresti y Humala estaban sentados frente a frente. Nadine estaba junto al presidente.

-Voy a ser directo con usted. Le ofrezco ser el próximo Ministro del Interior.

-Acepto –dijo Urresti y en el acto se puso de pie-. Ahora si me disculpa, voy a San Jacinto a hacer un operativo contra los desmanteladores de autos.

-¿No te dije Ollanta? –dijo Nadine- El general es una persona de acción.

-Siéntese por favor –le dijo Humala a Urresti.

-Dígame Sr. Presidente, pero sea breve por favor que en estos momentos se está cometiendo un delito.

-¿Y cómo lo sabe?

-Lo presiento, alguien está necesitando mi ayuda. Ahora que soy el Ministro del Interior…

-Todavía no ha juramentado

-Hagámoslo ahora entonces, de una vez.

Nadine sonrió.

-General –dijo la primera dama-.Estoy segura que con su actitud va a hacer que la gente cambie su percepción y así solucionaremos nuestro principal  problema.

-¿La seguridad ciudadana?

-No, la aprobación presidencial.

Humala se reacomodó en la silla.

-A ver General –dijo Humala-. Vamos por partes. ¿No me va a hacer ningún pedido antes de aceptar el cargo?

-¿Pedido? No, ¿para qué?

-¿Qué hay del viceministro? ¿Usted quiere poner a alguien ahí?

-No, ¿para qué? No lo necesito.

-Pero vamos General. ¿No piensa llevar a nadie al ministerio? ¿Algún equipo que lo pueda ayudar? El sector es bien complejo.

-Lo único que hace falta es acción –dijo Urresti.

-Pero tiene pensado qué hay que hacer.

-Se lo acabo de decir, hay que actuar.

Nadine y Humala intercambian miradas.

-Bueno General, pero le recuerdo que tendrá que ir al Congreso a presentar sus propuestas.

-Mi propuesta es actuar.

-Está muy bien todo eso de la acción General, pero algún plan tiene que tener. Seguramente antes querrá saber qué está pasando en el narcotráfico, el crimen organizado, las extorsiones, la situación del VRAE.

-Lo que yo quiero saber es qué está pasando con los pirañitas en Gamarra. Lo que importa es la calle. Yo mismo voy a salir a patrullar, capturar maleantes y poner papeletas.

Humala observó a Nadine y luego fijó su mirada en Urresti.

-Pero cuando vaya al Congreso tiene que llevar un plan elaborado.

-No voy a poder ir.

-¿Cómo que no?

-No voy a tener tiempo. Ese día estaré en un operativo –dijo Urresti.

-Pero ni siquiera sabe qué día será.

El presidente frunció el ceño y se tocó la barbilla.

-Sabe General –dijo Humala-. Creo que por preocuparse de los árboles no está viendo el bosque.

-No se preocupe Sr. Presidente, yo haré operativos en todos lados. Así la gente tendrá la sensación de que estamos ganando la lucha contra la delincuencia. Es más, esta misma noche haré un megaoperativo.

-¿Esta noche?

-Sí. Y tal como hacía en minería ilegal, convocaré a quienes necesito para que todo sea un éxito.

-¿A las fuerzas del orden?

-No, a la prensa. 

Publicado en la revista Velaverde Nº70