martes, 29 de abril de 2014

La terapia de Humala

El Dr. Medina se encuentra en una sala de espera en Palacio de Gobierno, frente a él un cuadro de Andrés Avelino Cáceres parece observarlo. En seguida, aparece la asistente del Presidente Humala e invita al doctor a pasar a la oficina presidencial.

-Estimadísimo Sr. Presidente –dijo el Dr. Medina, haciendo una venia.

-Vamos  doctor, -dijo Humala sonriendo y palmeándole el hombro- no necesitamos tanta formalidad, dígame Sr. Presidente nomás.

-Bueno, Sr. Presidente, antes que nada gracias por elegirme.

-No se preocupe doctor. Me han hablado mucho de usted, pero igual le tengo confianza.

El Dr. Medina se pasó la mano por la frente.



-En la primera sesión me gusta hablar de la historia personal –dijo el doctor-. Empiece contándome un poco sobre su vida. ¿En qué año nació?

-En 1962. Recuerdo que nací con un dedo inflamado.

-¿En Lima?

-No, en la mano.

-Le pregunto si usted es de la capital.

-Bueno, ahora sí un poco, antes al contrario, no podía ni ver a los capitalistas.

El Dr. Medina pestañeó un par de veces antes de seguir.

-Pero bueno, ¿y cómo era de bebé? A veces desde muy pequeño se delinea nuestra forma de vida.

-Bueno, según me cuentan, hacía lo que sea para no soltar la mamadera.

-Y dígame, ¿usted fue el mayor?

-No, yo fui el comandante.

-Me refiero a si usted fue el primero.

-No, anteriormente ya habían otros comandantes.

-No me entiende –dijo el doctor moviendo la cabeza-. Lo que le pregunto es si usted fue el primer hijo de sus padres.

-No, yo fui el segundo. Antes de mí nació Ulises.

-Entonces él fue el primogénito.

-Sí, la verdad a mí me hubiera gustado serlo. Pero quién sabe –dijo Humala-. Con empeño todo se puede lograr.

-¿Es cierto que su padre fue una gran influencia para usted y sus hermanos?

-Sí, claro. Él nos inculcó el nacionalismo desde muy pequeños. Aunque claro, luego estudiamos en el  colegio Franco-Peruano y en el Peruano-Japonés.

-¿Y su madre?

-No, ella no.

-Hablemos de su paso por la escuela militar. ¿Diría usted que fue un buen alumno?

-Sí, creo que bastante bueno. Después de todo, me dieron la espada de honor.

-Eso es un gran mérito.

-Fue todo un honor en verdad. Tenía que dejarla limpiecita y brillante para que la entreguen en la graduación.

-A ver, este tema es un poco delicado. ¿Qué pasó en Madre Mía, en el Alto Huallaga? Lo acusaron de, digamos, desaparecer gente.

-Nada es cierto doctor.

-¿Usted fue el capitán Carlos?

-Bueno, yo era capitán y mi apelativo era Carlos, pero de ahí a decir que yo era el Capitán Carlos es un exceso.

-No se preocupe, Sr. Presidente. Yo no voy a juzgarlo. Mi interés es solo profesional.

-Prefiero hablar de mi gesta contra la dictadura de Fujimori. La que hicimos con Antauro.

-Está bien, dígame  por qué se levantaron en Locumba.

-Principalmente porque ahí pernoctamos. Además, era un lugar estratégico para nuestros planes de derrocar al dictador Fujimori.

-Entiendo.

-Cada uno de nuestros reservistas cumplió lo que se le había encomendado. Logramos tomar la instalación militar y luego  leímos un pequeño discurso. No se imagina doctor. Nos tomó varias semanas de preparación.

-El levantamiento.

-No, el discurso. Eran dos párrafos, pero la verdad es que no éramos muy buenos en redacción. En ortografía éramos mejores, aunque nunca supimos cuándo se tildaban las esdrújulas.

En ese momento, la asistente golpea la puerta e ingresa.

-Perdone la interrupción Sr. Presidente. La primera dama está convocando a un comité de crisis con urgencia por el caso del ministro de Energía y Minas y la empresa interoil.

La asistente cerró la puerta y Humala dio un suspiro.

-Doctor, disculpe, pero vamos a tener que interrumpir la sesión. Tengo que ir a esta reunión. Usted sabe, se ha hecho un problema de que el ministro haya renovado el contrato con la empresa de la que antes era abogado.

-Entiendo, Sr. Presidente, y perdone que me meta pero yo conozco al ministro y le puedo asegurar que él solo hizo lo que usted hubiera hecho en su lugar.

-Nos fregamos entonces.

Publicado en la revista Velaverde Nº61

miércoles, 23 de abril de 2014

De aprobaciones, gobernadores y mezquinos

En un salón de Palacio de Gobierno se encuentran Humala, Nadine y Otárola.

-Bueno, empecemos –dijo Humala-. Lo que…¿y Daniel?

En ese momento, Abugattás ingresa al salón.

-Disculpen la demora es que un amigo tuvo un accidente. El pobre estaba en una fiesta, salió y chocó su carro. Todo por falta de alcohol.

-¿No será por exceso de alcohol? –dijo Otárola.

-No, por falta. Justo se estaba yendo a comprar más.

Nadine ahora mira con severidad  a Abugattás.



-Bueno, bueno, vayamos a lo nuestro –dijo Humala-. Como saben he subido cuatro puntos en mi aprobación. Eso es bueno, pero la verdad no he hecho nada especial para que eso ocurra. ¿A qué podemos atribuir esta recuperación?

-Según mi parecer –dijo Abugattás-. La aprobación ha subido por inercia.

Humala alzó las cejas y abrió más los ojos.

-¿Y esta Inercia es tu asistente?

-No.

-¿Un familiar entonces? Parece un nombre árabe.

-No, Sr. Presidente, no me entiende, lo que quiero decir es que ha subido por sí sola.

-¿Quién?

-Su aprobación.

-¿La aprobación de Inercia?

Abuggatás dio un gran suspiro.

-Creo que lo mejor es ver el presente –dijo Nadine-. ¿Qué vamos a hacer para no volver a descender y para seguir subiendo?

-Ahorita el problema es el caso de los gobernadores que trajimos para celebrar el fallo de La Haya –dijo Abugattás-.

-Cierto –dijo Nadine.

-¿Y eso no estaba resuelto? –preguntó Humala.

-No –dijo Otárola- ha habido muchas versiones.

-Eso mismo –dijo Abugattás- primero salió Dacia Escalante a decir que los gobernadores habían venido a Lima a recoger materiales, después salió usted Sr. Presidente y dijo que habían venido por una invitación a celebrar lo de La Haya y después salió Albán a decir que no sabía nada.

-¿Y quién es ese Albán?

-Albán es el Ministro del Interior.

-¿Estás seguro?

-Claro.

-¿O sea que ya juramentó, ya lo nombramos?

-Hasta fajín le dimos Sr.Presidente.

Humala eleva el mentón y niega con la cabeza.

-Ni modo. Y yo que creía que no teníamos ministro. Incluso estaba pensado darle el puesto a Escalante.

Un asistente toca la puerta del salón y, luego de recibir el permiso, ingresa.

-Disculpen la interrupción –dijo y prendió el televisor- la directora de Gobierno Interior está dando declaraciones, pensé que les interesaría.

En la pantalla el periodista acaba de hacerle una pregunta a Escalante. Todos miran atentos.

-No hay ninguna contradicción con el presidente. Es cierto que él los invitó, pero aprovechando que ya estaban en Lima –dijo Escalante-. Lo digo por última vez. Los gobernadores vinieron voluntariamente a Lima para darles material de trabajo y todos quisieron ir a celebrar nuestra victoria en La Haya.

-Mire, hemos investigado al respecto. ¿Realmente está segura que todo es cierto?

-Sí, claro…bueno en realidad  no vinieron voluntariamente, los amenazamos con botarlos…y bueno, la verdad es que no les dimos material de trabajo, les dimos polos nacionalistas, pero aparte de eso…ah me olvidaba, en realidad tampoco querían ir a Palacio, querían ir a Larcomar…y, claro, la verdad es que ni siquiera había motivos para celebrar, al contrario, La Haya le había quitado mar a Tacna, pero eso sí señor periodista, aparte de estas cosas, todo lo demás es cierto.

Nadine apaga el televisor.

-Bueno, al menos sabemos que Escalante no será ministra.

-Lo mejor será ya no hablar de eso –dijo Abugattás-. Hay que dejar que el tema se extinga por inercia.

-¡Pero por Dios! –exclamó Humala-. ¿Quién es esta Inercia?

 -Olvídalo Ollanta –dijo Nadine- aquí lo importante es que de ahora en adelante hay que cuidarse mucho de cómo responder ante las denuncias.

-Por eso no te preocupes –dijo Humala-. Siempre voy  a responder como hice en este caso de los gobernadores. Los llamaré a todos mezquinos y listo. ¿No vieron cómo dejé mudos a los reporteros?

-Cierto –dijo Otárola.

-Hablé como el militar que soy, con la autoridad de ser el que manda en el país.

-Sí –dijo Nadine-. Y hasta parece que se lo creyeron.

-Qué bueno. Ya es hora que dejen de pensar que soy un tonto –dijo Humala-. No entiendo por qué me sobreestiman tanto.

Publicado en la revista Velaverde N°60

El abogado del indulto

El Dr. Castillo sale de su estudio rumbo a una au­diencia del juicio de los diarios chicha contra su patrocinado, el expresidente y ahora reo y resi­dente de la DIROES Alberto Fujimori. A su salida, lo sorprende una nube de reporteros.
–Doctor, usted ha dicho que van a indultar a Fujimori.
–Bueno, eso esperamos.
–¿Y cómo está el expresidente?
–Él se encuentra bien.
–Entonces, el indulto no es necesario.
–Él se encuentra bien mal.
–Pero ya hay grupos que han dicho que apelarán si el ex­presidente queda en libertad. Por ejemplo, las feministas que no perdonan a Fujimori por el maltrato a Susana Hi­guchi.
–Eso es mentira. Nunca hubo maltrato. Si ellos se separa­ron fue solo por incompatibilidad de caracteres. Fujimori prefería las cursivas.
–¿Y usted cree que es necesario que lo indulten cuando vive en una celda dorada?
–¿Celda dorada? –se preguntó el Dr. Castillo, abriendo más los ojos–. Eso es totalmente falso. Él no vive en una celda.
–Pero los opositores del expresidente dicen que tiene pri­vilegios.
–Ningún privilegio. Al contrario. Mire, por ejemplo, si en este momento quiero llamar a mi patrocinado, no puedo.
–¿Lo tienen incomunicado?
–No, se me acabó el saldo. Pero yo no tengo importancia, el que importa es el presidente Fujimori y él viene siendo maltratado sistemáticamente por el INPE.
–Pero el INPE dice que Fujimori es el preso más caro del Perú.
–¿No habrá querido decir el más valioso?
–No, el más caro.
–Lo que el INPE hace es torturar mentalmente a mi pa­trocinado. Primero le quitan el celular postpago y le dan uno prepago solo para provocarlo. Felizmente, el expre­sidente sabe controlarse y ha soportado la afrenta de ser un expresidente prepaguero. Pero luego hubo más: le redujeron la velocidad del internet y hasta se atrevieron a cambiarle la Mac que tenía por una simple PC. ¿Quién puede vivir así?
–Pero sabemos que tiene cable.
–Sí, pero sin HD.
–Doctor, usted ya demandó al INPE por todo eso y tene­mos entendido que el Poder Judicial no ha acogido su demanda.
–En efecto, pero tenga por seguro que vamos a volver a demandar al INPE, y esta vez llegaremos hasta las instan­cias internacionales de ser necesario.
–¿Y esta vez por qué lo va a demandar?
–Bueno, todavía no tenemos el motivo, pero ya mis asis­tentes están buscando uno.
–¿Y qué hay sobre el juicio?
–Nada. Mi patrocinado es inocente.
–La Procuraduría dice que se gastaron dos millones de dólares mensuales para comprar los diarios chicha.
–Eso es absurdo. Por sentido común, nomás, ¿no les pa­rece mucha plata para comprar diarios de cincuenta cén­timos?
–Se refiere a comprar las portadas.
–Ah, bueno –dijo el Dr. Castillo–. ¿Y tanto escándalo por­que se haya comprado una línea del editorial?
–No, doctor, por comprar la línea editorial.
–Mire, el presidente Fujimori no sabe nada de eso. Por eso, es una injusticia que tenga que estar perdiendo el tiempo yendo a las audiencias. Mire, por ejemplo, hoy ha tenido que cancelar una jornada que había organizado a favor del reciclaje. Le había pedido a su familia que fuera a la DIROES llevando todo lo que ya no sirva.
–¿Y Keiko iba a ir?
–Sí –dijo el abogado–. Y había prometido llevar a Kenyi.
–Volviendo al tema inicial, ¿cómo obtuvo la información del posible indulto a Fujimori?
–Mire, lo que hay es un fuerte rumor que dice que el pre­sidente Humala aprovechará la Semana Santa y le dará el indulto.
–¿Y ese rumor de dónde salió?
–De mí –dijo el abogado–. Así que espero que ello se con­crete por el bien de ese pobre hombre.
–¿De Fujimori?
–No, de Humala. Está pasando por momentos muy difíci­les por su baja aprobación, pero seguro que con el indulto le irá mucho mejor.
–¿A Humala?
–No, a Fujimori.
Publicado en la revista Velaverde N°59

miércoles, 9 de abril de 2014

Alan en el confesionario

El Padre Venancio ingresa en el confesionario, se sienta y cierra la puerta tras de sí. Casi de inmediato, escucha unos pasos graves y distantes que se acercan. Alguien se sienta del otro lado de la ventanilla.



-¿Padre?

-Sí, hijo.

-Antes que nada debe saber quién soy. Mi nombre es Alan García.

-Lo siento mucho hijo, pero no te aflijas. No es pecado ser homónimo de un político tan, pero tan…

-No, padre, yo soy el ex presidente Alan García.

-Ah bueno, Dr. García. ¡Qué gusto! Es un honor que haya venido a esta humilde iglesia.

-Lo sé, padre. Mire, le seré sincero. He venido porque he pecado y quiero confesarme.

-Qué bueno hijo, me da gusto que por fin te acojas a la confesión sincera. Seguro irás a prisión, pero si te portas bien…

-No, padre, no me entiende. Solo quiero confesarme.

-¿Crees en Dios?

-Como en mí mismo.

-Pero dime, ¿vas a contarme todos tus pecados? ¿Cuál será el orden? ¿Cronológico, alfabético? ¿Por el nombre de las víctimas? ¿Por áreas de interés? Mira que aquí cerramos a las 10 de la noche.

-No, padre, no todos.

-Primero dime, ¿hace cuánto que no te confiesas?

-Déjeme ver, hoy es lunes…mmm…tres años.

-¿Tres años?

-Sí, desde la última campaña. Sabe padre, creo que mejor me concentro en lo ocurrido estos últimos días. Luego de que el Poder Judicial anulara lo actuado por la megacomisión, empecé a sentir algo raro, algo distinto.

-¿Ah sí?

-Sí, padre, algo que nunca había sentido antes.

-¿Vergüenza?

-No, no, es algo que normalmente no se asociaría conmigo.

-¿Honradez?

-No, padre, hablo de un sentimiento, algo nuevo para mí.

-¿Cargo de conciencia?

-Bueno, sí, digamos que algo parecido a eso.

-Pero hijo, eso es normal

-Puede ser, padre, pero yo nunca lo había experimentado.

-¿Nunca te has sentido mal por algo que has hecho?

-No

-¿Nunca?

-Bueno, recuerdo que la noche que anuncié la estatización de la banca me sentí pésimo.

-La conciencia.

-No, la cena. Me excedí con el festival de pastas.

-¿Y qué me dices de El Frontón?

-Soy un cero a la izquierda en deportes.

-No, hijo, me refiero a la matanza de El Frontón.

-Perdone padre, pero esto no es la megacomisión.

-Claro que no, aquí sí te voy a dar una penitencia. Me decías que nunca has sentido cargo de conciencia.

-No. Pero ahora parece que sí.

-Eso está bien hijo. Todos los mortales tienen conciencia. Seguro que tú también.

-Me preocupa. Es signo de debilidad.

-No, hijo, es signo de que tienes consideración por los demás.

-Entonces es peor de lo que pensaba.

-Vamos hijo, hay que ser humildes. Recuerda que solo estamos de paso en la viña del señor. Por eso hay que dejar un legado.

-El mío lo dejé en Gran Caimán.

-No hablo de eso hijo, hablo de tus acciones.

-¿De las de la bolsa de valores?

El Padre Venancio desaprobó moviendo la cabeza a los lados. Luego, durante más de tres horas, se puso a escuchar no solo las preocupaciones y pecados de García, sino también sus reflexiones históricas, políticas y sociales.

-Bueno, hijo, te he escuchado lo suficiente.

-Pero tengo más que decir.

-Lo sé hijo, las palabras te sobran, pero si te sigo escuchando voy a votar por ti, así que mejor dejémoslo aquí nomás.

-¿Y mi penitencia?

-Mira, por ser el primero en venir tienes el 10% de descuento. Entonces son 100 padres nuestros y 50 aves marías.

-Esto es un abuso padre. Voy a presentar un recurso de amparo.


García se levantó, indignado. Y mientras salía de la iglesia, vociferaba que había una persecución católica, romana y apostólica en su contra. Dijo también que él era lo mejor que le había pasado al Perú. En el confesionario, el padre Venancio se quedó pensando lo contrario: el Perú era lo mejor que le había pasado a García.

Publicado en la revista Velaverde Nº58

El método García o cómo esconder la piedra y lanzar la mano

El rumor en el Perú tiene raíces milenarias. En su libro Historia de Atahualpa y Huáscar para dummies, el historiador y antropólogo Juan Tin Suyo deja entrever que la enemistad entre los hermanos no se debió a una lucha de po­der, sino a que Huáscar lanzó el rumor de que Atahual­pa había tenido un hijo fuera de la Panaca Real. Cuando Atahualpa lo supo, le declaró la guerra a su hermano.
El resto es, literalmente, historia.
Desde luego, los tiempos han cambiado; la forma de soltar los rumores y nuestros gobernantes, también. Sin embargo, hay algunas constantes: para tirar la piedra y esconder la mano se requiere piel de teflón, altas dosis de frescura y, desde luego, una piedra.
Precisamente de esto han acusado al expresidente García. Los enemigos del APRA afirman que el exman­datario lanzó un malintencionado rumor y ahora quiere esconder la mano. Tarea difícil considerando que la en­trevista se vio, en vivo y en directo, por televisión.
–Dr. García –dijo el periodista–, se lo preguntaré direc­tamente: ¿qué opina sobre la megacomisión?
–Bueno, se trata de un claro instrumento de Palacio para lograr mi inhabilitación. Además, yo soy un padre responsable.
–Hummm, ya. Pero ¿entonces usted cree que lo quie­ren inhabilitar?
–Claro que sí, no tengo ninguna duda. Palacio ha dado la orden y Tejada es el operador. Además, yo sí he reco­nocido a todos mis hijos.
–Me estoy confundiendo con sus respuestas, Dr. García.
–Lo que digo es que Tejada, en lugar de andar persi­guiéndome, debería preocuparse más por sus problemas personales.
–Y, entonces, ¿usted cree que van a poder inhabili­tarlo?
–Oiga usted, ¿será posible? –preguntó García, abrien­do más los ojos e inclinándose hacia el periodista–. ¿Ha escuchado lo que he dicho?
–¿A qué se refiere?
–Le he hablado de hijos no reconocidos y de Tejada –dijo moviendo las manos.
–Pero ¿eso qué tiene que ver? Yo le preguntaba sobre la megacomisión…
–¡Por mí! Digo, ¡por Dios! –dijo García moviendo la ca­beza hacia los lados–. Pero ¿qué clase de periodista es usted? ¿No tiene olfato para estas cosas?
–Pero la megacomisión…
–¡Olvídese de eso! –dijo García, elevando la voz.
Luego dio un profundo respiro y habló más lento:
–Piense: hijos no reconocidos, Tejada…
El periodista sonrió.
–Entiendo lo que me quiere decir, Dr. García.
–Vaya, al fin.
–Pero este no es un talk show, sino un programa po­lítico, y pese a que me sorprende la noticia de que el congresista Tejada es su hijo…
–¡No! Oiga usted, no me ha entendido. Haga la suma: hijos no reconocidos, Tejada con problemas personales…
–No me diga más, Dr. García, ya entendí. Me está di­ciendo que Tejada, el congresista que lo está investigan­do, tiene un hijo no reconocido.
–¿Yo? No, líbreme yo de eso –dijo García, arrugando la frente y poniéndose una mano en el pecho–. Oiga usted, yo soy un estadista, dos veces presidente de la Repúbli­ca, no estoy para asuntos de chismografía barata. Por su­puesto, si el periodismo quiere investigar, que investigue.
Es cierto que puede parecer que García ha lan­zado un rumor para atacar a Tejada. Sin embargo, es evidente que el expresidente se ha limitado a seguir la tradición impuesta por nuestros antiguos y locuaces correveidiles.
Se equivocan, pues, quienes afirman que García pre­tende desviar la atención ante los inminentes resultados de la investigación liderada por Tejada. Si bien lo único que al expresidente le gusta de esta comisión investiga­dora es su nombre (para un ego colosal, una megacomi­sión), tampoco pretende desacreditarla. García no actúa de este modo, al menos no cuando duerme.
El tema de los narcoindultos es un asunto delica­do. Según ha trascendido, el informe final podría incul­par al expresidente. Yo, en verdad, creo que García no tiene responsabilidad alguna. Es, en ese sentido, un irres-ponsable.

PPC: ¿Palmas Para Cornejo?

Mucho se ha especulado sobre por qué el PPC cambió de opinión y dio su voto de confianza al gabinete Cornejo. La verdad, sin embargo, se ha abierto paso de la forma más inesperada.
Esta mañana, mientras revisaba mi correo personal (micorrepersonal@gmail.com), vi que había recibido un email con el enigmático asunto “Audio PPC”. Por ob­vias razones de seguridad, no develaré cuál fue la direc­ción electrónica, aunque puedo decir que las iniciales del usuario eran “R” de Raúl y “C” de Castro.
Luego de descargar el archivo adjunto –y el virus que venía con él–, escuché el audio y obtuve la siguiente transcripción:
Beingolea: Bueno, llegó la hora de definir nuestra posición.
Bedoya: Yo creo que no nos queda otra que quitarle nuestro apoyo a Secada, es un muchacho de primera, pero…
Pérez Tello: No, Javier, Alberto está hablando de Cornejo.
Bedoya: ¡Pero se han vuelto locos! ¿Cornejo como nues­tro candidato?
Galarreta: No, Javier, se refieren a si le damos o no la confianza al gabinete Cornejo.
Bedoya: Ah, bueno. Pero ¿cómo? ¿Vamos a votar otra vez?
Beingolea: Así es. Debemos ser coherentes y votar en contra.
Bedoya: Exacto.
Peréz Tello: Pero luego ya no nos quedaría opción para censurar a otro gabinete. Mejor sería votar a favor.
Bedoya: Exacto.
Galarreta: O mejor nos abstenemos otra vez, como la se­mana pasada.
Bedoya: Exacto.
Beingolea: Me confundes, Javier, parece que le das la ra­zón a todo mundo.
Bedoya: Exacto.
Galarreta: Yo hablé con un representante de Palacio. Me dice que, si le damos nuestro voto, el presidente nos ofrece el respaldo de su bancada para que tengamos la próxima presidencia del Congreso.
Beingolea: Bueno, no está mal.
Galarreta: También está dispuesto a apoyarnos en las próximas elecciones municipales.
Pérez Tello: ¿En las municipales?
Galarreta: Sí, dice que contaríamos con el apoyo de todo su partido, o sea, Nadine, Abugattas, Otárola y Marisol Espinoza.
Beingolea: Bueno, al menos ahí tendríamos cuatro votos fijos. Aunque con Abugattas nunca se sabe.
Pérez Tello: Pero, si aceptamos, ¿qué dirá la gente de nosotros? ¿Qué dirá nuestra lideresa Lourdes? ¿Apoyará a Cornejo?
Beingolea: Si apoyó a Secada, no le costará mucho apo­yar a Cornejo.
Galarreta: Bueno, ¿y entonces? ¿Qué hacemos?
Pérez Tello: Yo creo que debemos aceptar. El problema es qué vamos a decir para explicar nuestro cambio.
Galarreta: A ver, lo que nosotros pedimos fue que la pri­mera dama deje de tener injerencia en el Ejecutivo.
Beingolea: Eso mismo.
Pérez Tello: Entonces basta con que el Gobierno nos dé alguna señal en ese sentido y así nos justificamos.
Galarreta: Bueno, hace un rato Palacio sacó un comuni­cado en donde dice que no se permitirá que nadie me­noscabe la autoridad de quien nos gobierna.
Beingolea: Ahí está. Eso nos puede servir.
Galarreta: No creo. Lo firmó Nadine.
Pérez Tello: ¿Y la PCM no ha sacado nada?
Galarreta: Bueno, sí, pero es solo una nota de prensa donde Cornejo declara que no permitirá ninguna intro­misión.
Pérez Tello: Ya está. Eso es.
Galarreta: Pero eso no es nada nuevo.
Pérez Tello: No importa.
Beingolea: ¿Y quieres que le digamos al país que esa simple nota nos convenció? Vamos a hacer el ridículo.
Pérez Tello: Te equivocas, Alberto, el vocero eres tú.
Bedoya: Exacto.
Si bien grabar conversaciones de políticos no tiene pierde, sí tiene cárcel. Pero, como solo he publicado la transcripción, no hay problema; además, yo me debo a mis lectores (y también les debo a algunos de ellos). En todo caso, dejo constancia de que yo entendí que “Audio PPC” era “Audio Para Público Conocimiento”.
Después de todo, la transcripción tampoco estaba completa. Los minutos finales apenas si se oyeron y no los pude entender. Me sentí indignado: ¿cómo es posible que haya gente que grabe conversaciones privadas, con tanto desparpajo, pero con tan poco volumen?

martes, 8 de abril de 2014

Humala en vivo y en directo

En Palacio de Gobierno un periodista de un medio televi­sivo se encuentra sentado frente al presidente Humala.
–Sr. presidente, una reciente encuesta indica que su aprobación ha bajado un 15 %. ¿Qué tiene que decir? ¿Alguna autocrítica?
–Bueno, yo no creo ser el más indicado para eso. Mejor que el pueblo me autocritique.
–Pero, entonces, ¿no se reconoce algún defecto?
–Bueno, creo que soy demasiado perfeccionista. Nadine me dijo anoche que soy un perfecto…
–Sr. presidente, estamos en vivo.
–Lo sé. Me dijo que soy un perfecto esposo y padre de familia.
–Ah, bueno. Pero no estamos hablando de su vida personal, sino de la actual crisis política. La oposición le echa la culpa de todo a una persona que es de su entera confianza y muy cercana a usted.
Humala lo mira intrigado.
–¿Óscar López Meneses?
–No.
–¿Favre? Yo le aseguro que solo está de vacaciones en Lima.
–No, Sr. presidente –dijo el periodista–, me estoy refiriendo a su esposa. Además, en las encuestas la gran mayoría piensa que ella es la que gobierna. ¿Qué tiene que decir sobre eso?
–Que el que gobierna el país soy yo, y nadie más que yo.
–¿Seguro de eso?
–Totalmente. Justo ayer le pregunté a Nadine y me lo ha confirmado.
–Entonces, la primera dama seguirá…
–Pero ya basta con el tema de la primera dama. Mi esposa no va a postular el 2016. Ella misma me ha dicho que no está interesada en ser presidenta otra vez.
–¿Cómo? ¿Otra vez?
–Bueno, lo que quiero decir es que antes ya había estado interesada en ser presi­denta, ¿me entiende?
–Es difícil entenderlo, Sr. presiden­te; pero mejor pasemos a otros temas. ¿Cómo ve usted el desempeño del premier?
–¿Cuál premier? –dijo Hu­mala.
–El premier, pues, el pre­sidente del Consejo de Mi­nistros.
–¿Jiménez?
–No.
–No me diga, que solito me voy a acordar.
El periodista lo miró extrañado.
–A ver, Lerner, Valdés, Jiménez… Y de ahí… Hummm…
–Villanueva.
–Exacto, ese fue el último; pero le aseguro que pronto nom­braremos a su reemplazo.
–Pero, Sr. presidente, ya hay nuevo premier.
–¿Está usted seguro?
–Claro, el actual premier es Cornejo.
–Ah, verdad, claro, ahora lo recuerdo. Buena gente, Cornejo.
–Bueno, ¿y qué me dice de la ministra Omonte? ¿Seguirá en el cargo?
–Mire, la ministra tiene mi más absoluto respaldo; pero a Nadine no le gusta cómo se viste, así que estamos buscando un reemplazo.
–Ya veo. Y dígame, ¿hay avances en la inseguridad ciudadana?
–Bueno, muchos. Para empezar, hoy en día los robos y ex­torsiones se ordenan desde la cárcel por wifi.
–No, me refiero a qué se está haciendo para defendernos de la delincuencia. ¿Qué ha hecho el ministro, por ejemplo?
–Bueno, el ministro Albán es el primer preocupado por ese tema. Tanto así que ha ordenado que se doble la seguridad policial.
–¿En la ciudad?
–No, en su casa. Están robando mucho por su cuadra.
–¿Y eso es todo?
–No, también me ha contado que hay un par de tocatimbres que tiene en vilo a los vecinos, pero le aseguro que ya caerán.
–No, Sr. presidente, le pregunto qué más se está haciendo en el sector interior.
–Bueno, pensando en el bienestar policial y con el fin de elevar la moral de la institución, el ministro me ha anunciado que va a nombrar como nuevo defensor de la Policía a Pablo Secada.
–¿A Pablo Secada?
–Sí, Albán me ha asegurado que se especializará en velar por las mujeres policías.
–Pero, Sr. presidente, ¿usted cree que sea la mejor decisión?
–Entiendo su reparo, señor periodista, a Secada le falta todavía; pero no se preocupe, que Albán lo va a mandar a un Cenecape para reforzar su preparación.
El periodista alzó las cejas.
–Por lo que veo, Sr. presidente, a usted no le preocupa estar en el fondo de las encuestas.
–La verdad, no. Nadine siempre me dice que yo, en el fondo, soy bueno.
Publicado en la revista Velaverde N°55